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viernes, 15 de julio de 2016

Smith, Taborn & Maneri por Marcelo Cohen

La siguiente es una reseña tardía sobre el concierto que el 30 de junio pasado Ches Smith, Craig Taborn y Mat Maneri dieron en el Centro Cultural Kirchner, escrita por Marcelo Cohen para la revista Otra parte,

The Bell

A los veinte minutos del imborrable concierto que el trío de Ches Smith dio el 30 de junio en el Centro Cultural Kirchner, varios miembros del público que ocupaba casi toda la ex Ballena Azul empezaron a escabullirse. Tal vez habían ido a escuchar algo que respondiera a la acepción prevaleciente de jazz, hard bop o lo que fuera, y de ser así el éxodo habla en general del diferendo recurrente entre el arte audaz y la mente condicionada. Nadie se va a sorprender ni enojar ya por eso; lo llamativo fue que a la salida muchos asistentes silbaran al pie de la nota pasajes de las piezas huidizas y tupidas que habían escuchado. The Bell, el disco que el trío vino a presentar, es una buena oportunidad para explicarse cómo una música tan cerebralmente escrita (los tres echaban el ojo a partituras) tiene tal facilidad de transmisión anímica. La clave del entusiasmo, por supuesto, es la improvisación. Pero no lo explica del todo porque la música de Smith está en tendida a lo inalcanzable y él la quiere así. Para el oído, un trío de percusión (económica), piano y viola ya es tímbricamente insólito. Bien empiecen con el vibráfono de Smith esbozando discretas zonas para que escarceos de piano y viola creen una atmósfera, bien con un drone de Maneri, un tenue fraseo de Taborn o un nervioso enjambre de alturas que van precipitando, todos los temas arden de un pálido fuego, una inquietud sutil. Poco a poco, o a veces de golpe, los motivos melódicos aireados y sucintos —que se despliegan en reiteraciones minimalistas, pulsos encontrados y un microtonalismo mechado de fugaces discordancias— se vuelven más resbaladizos; con el suplemento energético de la improvisación, la interacción se intensifica y las texturas se adensan. Como en ciertos cortes el ritmo es impetuoso de punta a punta (enWacken Open Air”) o el patrón se invierte (de la baraúnda al sosiego en “For Days”), lo que está pasando ahí podría escapársenos de no ser por las amplias destrezas de esta gente con apetito crónico de hallazgos. Maneri y Taborn, cuyos historiales llenarían sendos folletos, tocan juntos desde que Taborn fundó el mejor jazz electrónico conJunk Magic (2004). Smith se inició en el rock indie (con Xiu Xiu, por ejemplo), desde hace años es pilar de la mitad de los combos del jazz de vanguardia y mantiene varios experimentos más, entre otros el furiosamente eléctrico Ceramic Dog con Marc Ribot. Como los mejores de su oficio, sabe bien cuándo redoblar como un tamborilero, disgregar el beat en modo free, frotar los parches con el pulgar mojado o asordinarlos con el pie, mientras suelta una diáspora de tonos rozando los platillos; todo y más en un continuo de atención a lo escrito e invención libre. Sumemos los tránsitos del piano entre la gracia velocísima y acordes atronadores como descargas de acero laminado, los de la viola entre el susurro invernal y breves sobreagudos, llamaradas, chirridos: esta música acústica llena de groove pide una concentración de sala de concierto y arrebata como una performance rockera. Sobriedad escénica y vehemencia activa: llamémosla camerística metálica o metal de cámara. No sé cuántas veces ellos tocan para tanta gente y tan contenta, pero esa noche se los veía exultantes y todavía dispuestos, como si la audacia hubiera dado un paso hacia lo alcanzable.


domingo, 3 de julio de 2016

Sucedió en el suburbio: asado en homenaje a Ches, Mat y Craig


El mismo día de la partida de Ches Smith, Mat Maneri y Craig Taborn hacia su próximo concierto en San Pablo, el núcleo duro de Minton's decidió homenajearlos con el correspondiente asado. El ágape tuvo lugar el sábado 2 de julio en la residencia del Señor M., en un suburbio de Buenos Aires.

Desde temprano, haciendo uso de sus conocimientos culinarios (que aquí se resumen en un sazonado francamente extraordinario con un toque debidamente marroquí), el Sr. M. se dedicó a su parrilla, aun cuando las condiciones atmosféricas no lo acompañaron.


Debajo de una lluvia torrencial, las carnes se asaron en su justa medida, como para demostrarles a los visitantes en qué consiste uno de los mejores aspectos de la argentinidad. Al amor de las brasas, tanto el vacío como un descomunal ojo de bife (que para la traducción quedó como rib eye, aunque, quién sabe), supieron dar de sí todos sus jugos y proteínas.


Y, precisamente, ya que de proteínas hablamos, hubo que fijarlas, razón por la cual, algunos de los invitados aportaron sus conocimientos y parte de sus propias bodegas, para así poder cumplir debidamente con este imperativo. Y, claro, para evitar la uniformidad, hubo quien prefirió cerveza (cfr. el dueño de Minton's) y quien esperó pacientemente a que llegara el café y con él, una exquisita vodka polaca de la que rápidamente dieron cuenta los comensales más avispados.



Como en otras ocasiones, los músicos fueron debidamente alimentados e hidratados. En la foto se los ve durante uno de esos raros momentos en que paró de llover, siendo instruidos por algunos de los miembros del núcleo duro, sobre las bondades del fuego de leña, los puntos de cocción considerados correctos y otras bondades del noble arte del asador. Asimismo, accedieron a responder a las muchas preguntas a las que fueron sometidos, sin hablar de la firma de ignotos discos comprados en épocas pretéritas todos sabemos en qué disquería.

Llegada la hora de la ingesta, los comensales se dispusieron en tres mesas. Alguien, con malevolencia, llamó a la primera, en la que estaban sentados el anfitrión, Hernández (que exhibe una incipiente tonsura) y los músicos, la "mesa presidencial". Pueden verse, una segunda mesa en la que el mejor ingeniero de sonido de la Argentina (palabras de Joe Zawinul), preside desde su silla blanca. Más hacia el fondo, un ex modelo de Calvin Klein, departe con el  representate de John Deere en la Argentina, acompañado por un crítico de fuste, mientras el Dr. B. oficia de mozo (changa que le consiguió Hernández para que se haga unos pesos).


Como la tarde transcurría y los platos seguían llegando, fue necesario hacer una pausa que algunos aprovecharon para fumar cigarros y otros, para tomar aire. Entre estos últimos estaban los músicos y el Sr. MC, a quien, en un momento, Ches, Mat y Craig le propusieron que se uniera al grupo. No se sabe si por modestia o por no saber ningún instrumento, el Sr. MC declinó la oferta y, orgulloso, mostró su remera galesa, adquirida en Cardiff, durante le último mundial de rugby.




El Sr. M., acaso entusiasmado por el buen ambiente de la tarde, tuvo un aparte con Craig Taborn, a quien le aconsejó qué temas agregar y qué temas descartar de su repertorio, al tiempo que le indicaba cuáles eran los mejores parajes para la pesca del surubí en el Alto Paraná. Taborn, que no entiende castellano, se mostraba interesado. Segurametne la generosa ingesta de distintas variedades de Malbeck hizo posible eso de que hablando la gente se entiende. Y si no, no importa.

A medida que caía la noche, todos fueron embargados por una cierta melancolía, que, un observador objetivo, equiparó con una digestión lenta. Un filósofo presente añadió: "Y así va pasando la vida".

sábado, 2 de julio de 2016

Smith, Taborn y Maneri: hasta ahora, uno de los mejores conciertos del año.


Pasada la deslumbrante actuación del trío conformado por Ches Smith, Mat Maneri y Craig Taborn, ésta es una reseña de esa velada. La nota de hoy tampoco está firmada, pero como en el caso de la del jueves pasado, salió en Página 12 y es obvio quien la escribió. 






Por quién doblan las campanas

Es una obviedad. Un trío no son tres instrumentos juntos sino la casi infinita combinatoria entre las distintas modalidades de ataque, de fraseo, los matices y las ideas de cada uno de ellos potenciadas por las de cada uno de los otros y, a su vez, por el conjunto. O, por lo menos, eso es lo que sucede con los tríos excepcionales, como el que se presentó este jueves en Buenos Aires presentando en vivo uno de los mejores discos –y más desafiantes, en el mejor sentido de la palabra– publicados en lo que va del año.

El percusionista Ches Smith –pensar en él tan sólo como un baterista o un vibrafonista es, como sucedía con Barry Altschul, perder de vista la riqueza de su concepto instrumental–, el pianista Craig Taborn, uno de los grandes nombres actuales en su instrumento, y el violista Mat Maneri conforman una suerte de unidad extraña, proteica, donde confluyen tradiciones y materiales históricos tanto del jazz como de las vanguardias académicas del siglo pasado. En una interesante vuelta de campana, el grupo del disco The Bell retoma en el campo de lo popular –o de lo que dialoga de forma más evidente con lo popular, sobre todo por el papel que allí juega la improvisación y el gesto de la interpretación– aquellas tendencias como el minimalismo, que la tradición académica tomó alguna vez precisamente de allí. Los loops, los ostinatos, en todo caso, en la música de Smith, Taborn y Maneri toman una dimensión totalmente diferente. Se integran en una espiral de saturación que desemboca en una explosión sonora, es interrumpida por acentos y voces secundarias, o es comentada, permanentemente, por el oscilante microtonalismo de la viola o por las casi aéreas, deslizantes variaciones del piano.

Más allá de que el control técnico de cada uno de los tres integrantes es asombroso, nunca está puesto en primer plano. Es, invariablemente, un vehículo de la riqueza musical y de la variedad de posibilidades expresivas. Aún así, sorprende el peso de la mano izquierda de Taborn y su talento para manejar líneas rítmicas y melódicas absolutamente independientes, y la infatigable búsqueda tímbrica y textural de Smith, utilizando los dedos humedecidos, la punta o los bordes de sus baquetas para multiplicar las posibilidades de un set paradójicamente pequeño –una batería chica, un vibráfono–, pero aprovechado al máximo.


El trío tocó el material de The Bell, que el sello ECM publicó en enero, y en vivo fue, aun más patente que en el disco, el exquisito equilibrio entre escritura e imprevisto con el que se maneja esta música –y estos músicos–. Cada uno de ellos es o ha sido una pieza fundamental en grupos de artistas como Cecil Taylor, Tim Berne o John Zorn. Y aquí, aglutinados alrededor de un proyecto tan original como seductor, entran y salen de lo escrito con una fluidez sorprendente. En un paisaje de oscuridades que quitan el aliento, el grupo no le teme a la potencia y hasta al funky –un funky inquietante y contrahecho, es cierto– de “Wacken Open Air”, el tema que, luego de la ovación de una sala respetuosa y repleta, coronó una actuación memorable.

jueves, 30 de junio de 2016

¡Ches Smith, Craig Taborn y Mat Maneri hoy en el CCK!

El siguiente artículo, publicado sin firma en el diario Página 12 de hoy, da cuenta de la presentación que hoy realizará el trío conformado por Ches Smith, Craig Taborn y Mat Maneri en el Centro Cultural Kirchner y también adelanta parte de la programación de este año en esa misma institución. En la bajada se lee: “El grupo, conformado no sólo por tres virtuosos sino por músicos de gran apertura y riqueza de horizontes, presentará el material de una de las mejores ediciones en lo que va del año, The Bell, publicado por el sello ECM. El trío también ofrecerá una clase magistral”.

Para quienes todavía lo llaman jazz

“Todavía lo llaman jazz” fue el título de uno de los mejores programas radiales dedicados alguna vez a ese género. Lo conducía Jorge Andrés, que había sido crítico de la revista Análisis y del diario La Opinión. Y treinta años después, la formulación sigue vigente. Algo hay, en esas músicas desafiantes, muchas veces resistentes a las clasificaciones y con certeza incómodas para cualquiera que piense que las músicas son inmutables, que hace que esa pequeña palabra, surgida hace más de un siglo, continúe teniendo significado. Y hoy a las 20, en el Centro Cultural Kirchner, la actuación del notable trío del baterista Ches Smith, el pianista Craig Taborn y el violista Mat Maneri, será una de las mejores ocasiones posibles como para comprobarlo.

El grupo, conformado no sólo por tres virtuosos sino por músicos de gran apertura y riqueza de horizontes, presentará el material de una de las mejores ediciones en lo que va del año, The Bell, publicado por el sello ECM. Y además dará una clase magistral mañana, de 17 a 19 horas, en el mismo centro cultural y también con entrada gratuita. Smith, percusionista de los grupos de John Zorn, Wadada Leo Smith, y del Snakeoil de Tim Berne, entre muchos otros, es posiblemente uno de los músicos más reconocidos por sus colegas y, al mismo tiempo, con un perfil más bajo para sus oyentes. De hecho este trío, junto al excelente grupo These Arches –donde tocan la guitarrista Mary Halvorson y el saxofonista Tony Malaby– es uno de los escasos proyectos en que su nombre figura al tope del cartel. Taborn, uno de los pianistas más importantes de su generación, y Maneri, que con un instrumento atípico para el jazz como es la viola, ha sido compañero de ruta de artistas como Cecil Taylor, Matthew Shipp, Paul Motian, Gerald Cleaver, Berne y Michael Formanek, inteactuan con Smith en una música con un fuerte sesgo experimental donde se integran células repetitivas, un exquisito manejo de los silencios y un especial énfasis en las texturas.

La actuación del trío forma parte de una muy buena programación que ya ha contado con las presencias del contrabajista Devin Hoff y el clarinetista Ben Goldberg y que incluirán las visitas de Tim Berne (el 24 de septiembre) y de la genial pianista Marilyn Crispell (el 5 de noviembre). Más allá de algunas presencias inexplicables en el área curatorial, y de una retórica tan injustificada como antiestética, empeñada en borrar todo signo de la gestión gubernamental que creó y puso en funcionamiento el centro, por la cual Kirchner se llama CCK, la Ballena Azul es la Sala Sinfónica, los conciertos son “contenidos federales” y los funcionarios se deleitan con palabras como “sinergiar”, el Kirchner ha encarado una tarea mayor en el campo del jazz, dando una participación de importancia a los músicos argentinos y a la tarea docente, capitaneados por el gran pianista Ernesto Jodos, quien es además el director de la carrera de jazz en el Conservatorio Manuel de Falla. En julio estarán presentes, por ejemplo, Manuel Ochoa y Pepi Taveira Cuarteto, Adrián Iaies y Jorge López Ruiz Cuarteto y el pianista cordobés Eduardo Elía. También continuará, todos los miércoles a las 19, Jazz, ciclo de compositores, dedicado a la difusión de nuevas composiciones, donde actuarán el trío de Guillermo Romero, el del contrabajista Hernán Merlo, Juan Carlos “Mono” Fontana y el trío del saxofonista Ricardo Cavalli. Otra de las actividades importantes es el ciclo Residencias Jazz, que vincula a estudiantes argentinos del género con grandes maestros norteamericanos, y que se realiza en colaboración con la Embajada de los Estados Unidos. Con la curaduría de Jodos, la dinámica de los encuentros consiste en la interacción del maestro invitado con los ensambles de estudiantes de la Carrera de Jazz del Conservatorio Superior Manuel de Falla, encuentros que culminan con una presentación conjunta en el Centro Cultural Kirchner.


martes, 4 de agosto de 2015

Las razones de por qué Craig Taborn tocó como tocó en Buenos Aires

Alertado de la venida de Craig Taborn a la Argentina, el núcleo duro de Minton's procedió rápidamente. El viernes previo a los conciertos del fin de semana, en connivencia con el productor del ciclo Piano Piano, el pianista fue sustraído de su hotel y llevado a la disquería de Guillermo Hernández, donde fue psicológicamente preparado para lo  que vendría.


Una vez en el Gran Buenos Aires, el dueño de casa (a quien, por razones de seguridad, de ahora en más llamaremos Sr. M), le mostró a Craig Taborn lo que iba a poner sobre las brasas con el objeto de homenajearlo.

El diligente Sr. M., acto seguido, procedió a atizar el fuego, sin por ello pasmarlo, mientras el pianista estadounidense comenzaba a entender un tanto más en qué consistía la argentinidad.


Luego, en el interior de la vivienda, el Sr M. en forma conjunta con el Sr. J. (que en la foto sostiene la botella) procedieron, ante la mirada vigilante de Guillermo Hernández, a iniciar al joven pianista en las bondades de nuestras cepas, con explicaciones que habrían hecho palidecer a Miguel Brascó, si todavía estuviese vivo. 

(Nota 1: No fue posible registrar las palabras evocadas por el Sr. J en su explicación, pero su expresión parece plausible. Tampoco queda claro si la actitud de rezo de Hernández está vinculada a su deseo de que el Sr. J. se llame a silencio.

Así las cosas, 
algunos comensales, como Carri
estuvieron de alegre palique con el invitado.

Otros, como el Sr. MC, manifestaron un vehemente deseo de fotografiarse con la celebridad venida del norte. 


Lo mismo ocurriócon el Sr. A. y el Dr. B, quienes no dudaron en posar ante las cámaras, uno sabiéndose autorizado por los años que llevaba escuchando free jazz y el otro, de puro contento por no estar haciendo campaña política, por más que a ello lo obligara su conciencia de militante. 

Con todo, en otro rincón del salón, y haciendo caso omiso a todo lo que no fuera su satisfacción inmediata, Guillermo Hernández mordía rabiosamente una costillita de cerdo, compitiendo en gula con el célebre y hambriento crítico musical D.F., quien, hueso en ristre, amenaza, ante la mirada atenta del Sr. S y del Sr. J., con vaya a saber uno qué atonalidades.


Mientras tanto, solo y en las sombras, el Sr. Carlos Melero amenizaba la reunión y hacia gala de su talento como pianista.

Nota 2: Dos días más tarde, cuando los mismos comensales entraron al camerino de Taborn para felicitarlo por lo que había sido un concierto realmente increíble, él aclaro que buena parte de la energía con la que había tocado había sido previamente adquirida en el asado del Sr. M.
Dicho lo cual, se le prometió mollejas para cuando venga con William Parker.

lunes, 27 de julio de 2015

Craig Taborn dio dos conciertos en Buenos Aires que estarán entre lo mejor del año

Craig Taborn se presentó los días 25 y 26 de julio, acompañado en la primera parte por dos de los mejores pianistas de jazz argentinos: Francisco LoVuolo y Ernesto Jodos, respectivamente. Sus conciertos, que seguramente se cuentan entre lo mejor que tendrá este año, ya son recuerdo, uno de esos increíbles recuerdos que dejan las grandes actuaciones y que, seguramente, van a perdurar en la memoria durante muchísimo tiempo. La siguiente entrevista, realizada por Jorge Fondebrider, salió en el diario La Nación el sábado mismo del primero de los dos conciertos.

 “Nada más que música”

Craig Taborn es uno de los invitados internacionales que llega a Buenos Aires para presentarse en el marco del festival Piano Piano, que, con curaduría del brasileño Benjamin Taubkin, está teniendo lugar en el Centro Cultural Kirchner, desde 3 de julio al 8 de agosto de este año. Cuando se le pregunta si alguna vez estuvo en Sudamérica, Craig Taborn responde a La Nación –que tuvo oportunidad de conversar con él pocos días antes de su llegada– que sólo estuvo en Chile, integrando el grupo del trompetista Ralph Allesi, y en Brasil, con el contrabajista Dave Holland. Interrogado sobre si va a presentarse acompañado o solo responde: “Va a ser un solo piano”.
–¿Es ése el formato que prefiere?
–En realidad, no tengo un formato preferido. Tocar solo supone un tipo de presentación particular: no hay nadie que responda a las ideas de uno ni tampoco a quien responderle, por lo tanto se crea un mundo enteramente propio y toda la responsabilidad es de uno. Tocar con otros implica fundamentalmente oír para poder responder y, a la vez, proponer. Son distintos tipos de desafío. A mí me gustan todos los contextos.

Hay sobradas pruebas de que es así. En 1994 James Carter hizo su debut con JC on the Set, un álbum que lo revelaba como uno de los más notables saxofonistas de ese momento. En su grupo estaban el pianista Craig Taborn, el contrabajista Jaribu Shahid y el baterista Tanni Tabal, quienes, ese mismo año, registrarían bajo el nombre del pianista Craig Taborn Trio, un disco al que, en años posteriores y con otras formaciones, Taborn –nacido en Minneapolis, Minnesota, en 1970, pero radicado en Nueva York– sumaría Light Made Lighter (2001), Junk Magic (2004) y, para el sello ECM, Avenging Angel (2011) y Chants (2012). Se trata, en apariencia, de muy poco para un pianista, considerado en la actualidad como uno de los más importantes de la actualidad. Hay, con todo, otros datos que conviene considerar: a lo largo de todos esos años, Taborn integró diversos grupos, como el Chris Potter’s Underground, Drew Gress’ 7, Farmers by Nature –con contrabajista William Parker–, la Innerzone Orchestra, los grupos de Tim Berne –Hard Cell y Science Friction– el Mat Maneri Quartet, el Michael Formanek Quartet, Roscoe Mitchell & the Note Factory, Chris Lightcap’s Bigmouth, Rob Brown Trio, Nicole Mitchell’s Sonic Projection, el Susie Ibarra Trio, una de las últimas formaciones de Dave Holland, un grupo con Brill Frisell, etc. Con la mayoría grabó discos, pero también lo hizo con Lotte Anker, Louis Sclavis, Scott Colley, David Torn, David Binney y muchos otros artistas. Luego, se ha presentado en todo el mundo con las más diversas formaciones, conquistando una notoriedad que le ha valido la atención de la crítica y el público.

–Recorriendo su discografía, salta a la vista que ha pasado por las propuestas más diversas?
–Supongo que la clave está en la manera en que uno se acerca a la música. Trato de mantenerme abierto. Parte de mi trabajo consiste en exponerme a diferentes tipos de intérprete y descubrir qué puedo aportar yo a la música que se me propone. Por supuesto que, a medida que pasa el tiempo, uno va forjando un estilo, pero me parece saludable forzarlo a ver qué pasa en diferentes situaciones.

–Imagino que debe haber un límite.
–No estoy seguro. Miré, yo vengo exponiéndome a muchos tipos de música distinta desde muy joven. Nunca privilegié a ninguna como mi favorita.

–En el caso de sus propias composiciones, uno nunca está del todo seguro de si se trata de jazz o de música contemporánea. Un par de años atrás, durante su gira europea con el pianista Vijay Iyer los dúos de piano que presentaron parecían inclinar la balanza para el lado contemporáneo.
–Cuando uno hace música improvisada no necesariamente piensa en términos clasificatorios que, tiendo a pensar, son una cuestión de marketing. No creo que me corresponda ocuparme de esas cosas. Personalmente, no estoy demasiado interesado en saber qué música es la que hago. Se trata nada más que de música y ahí termina todo. La única distinción que haría depende del contexto del concierto. Eso, en más de una oportunidad, determina el tipo de improvisación que sigue. En ocasiones, podrá identificarse con lo que tradicionalmente llamamos “jazz”. Pero, a veces, es otra cosa. No sé si tiene sentido ponerse a adivinar qué cosa es. Le aseguro que con Vijay no nos pusimos a pensar nada de esto. Simplemente nos sentamos y nos pusimos a tocar.

–Brad Mehldau y Eric Reed nacieron, como usted, en 1970. Vijay Iyer en 1971. Son de una misma generación, pero, sin embargo, da la impresión de que sus “bibliotecas” son muy distintas…
–Me imagino que nos relacionamos con distintas genealogías y que, por lo tanto, estudiamos cosas diferentes.

–En su caso particular, uno puede imaginarse a pianistas como Cecil Taylor, Andrew Hill, Muhal Richard Abrams, Matthew Shipp…
–Sumaría a esa lista a Don Pullen y, más cerca en el tiempo, a Geri Allen…

–¿Por qué esos nombres?
–Por la forma de encarar la composición. Todos ellos son parte de una tradición que deberíamos remontar a Duke Ellington y a Thelonious Monk; vale decir, pianistas que componen prestándole atención al piano, a las múltiples posibilidades que ofrece ese instrumento. La composición en ellos suena a improvisación y la improvisación es siempre una composición. Eso los diferencia de otros  pianistas que buscan para el piano lo que por ejemplo ofrecen los bronces o las cañas.

–¿Hay un denominador común en los nombrados?
–En casi todos, la cosa pasa exclusivamente por el piano. Ahora bien, que la mayoría de los pianistas que nombró estén identificados con un cierto tipo de jazz más vinculado al free, no significa que no vaya a considerar a melodistas como Keith Jarrett, que es un gran pianista.

–Noto que establece una diferenciación entre compositor y pianista.
–En los casos de Thelonious Monk y de Andrew Hill importa más la composición. Hay que escucharlos para aprender y después hay que despegarse porque se corre el riesgo de terminar imitándolos y ellos no admiten imitaciones. El problema –y el desafío– es cómo hacer para no tenerlos presentes cuando se interpretan sus composiciones.

–Cambiando de tema, da la impresión de que después de una época muy conservadora, como los años noventa, con su vuelta al bebop y a otros estilos museológicos, en los últimos años hay una cierta voluntad de pasar a otra cosa. ¿Es realmente así?
–Hoy hay mucha más gente tocando jazz que antes. A través de las escuelas, los jóvenes dominan los instrumentos y los estilos del pasado relativamente rápido. Y eso, antes, no pasaba. La escena del jazz se ha multiplicado exponencialmente. Los estilos anteriores probablemente sobreviven como alternativa comercial de la que se nutre la nostalgia. ¡Los músicos tienen que comer! Pero después, uno ve a esos mismos músicos tocando otras cosas que se relacionan más con el presente. Y eso pasa en todas partes, tanto en los Estados Unidos como en Europa e, imagino, también en Sudamérica. Supongo que la variedad no le hace mal a nadie, ¿no?




domingo, 5 de febrero de 2012

En un esfuerzo sin precedentes, Minton's ha enviado a Jorge Fondebrider a París para que informe al núcleo duro sobre la actividad jazzística de este invierno septentrional

(París - De nuestro enviado especial) Val de Marne es un departamento francés que pertenece a la región de Ile de France y que queda al sudeste de París. Allí, desde hace décadas, gobierna el comunismo, que, pese al profundo viraje de Francia a la derecha, sigue invicto, ganando elección tras elección. Acaso por eso, se trata de un departamento que se destaca por sus acciones en pos de mantener la cultura al alcance de todos. Por caso, todos los años, para estas fechas, allí tiene lugar Sons d'Hiver, un festival que en 2012 se extiende entre el 27 de enero y el 18 de febrero, con manifestaciones artísticas en las distintas comunas. Por caso, hoy, a las 4 de la tarde, hora francesa, tuvo lugar un doble concierto en la Mairie de St. Mandé (Municipalidad de St. Mandé), un suburbio obrero que mantiene con París una relación similar que Avellaneda con Buenos Aires, pero sin Racing ni Independiente. Hasta allí se costeó, bajo la nieve y con 8 grados bajo cero de temperatura, el sacrificado corresponsal de Minton's para realizar la crónica del concierto. Ya en el lugar, pudo comprobar que, con entradas a precios realmente populares (18 euros, equivalentes a un poco menos de $120) el público pudo disfrutar de un dúo de pianos a cargo de Craig Taborn y Vijay Iyer, y del trío de Don Byron. En total, más de tres horas de concierto con apenas unos 15 minutos de intermedio. Como todo concierto de jazz que se precie, ya en la cola hubo las discusiones de rigor. La plana mayor de los críticos franceses estaba allí, en los primeros lugares de la fila, hablando de las alternativas del concierto de William Parker de la semana pasada y anticipando la formación del trío de Ahmad Jamal, que se presenta el miércoles próximo en el Teatro Chatëlet.

Para orientar al lector, Vijay Iyer es un pianista estadounidense de ascendencia tamil que, a la fecha, con treinta años, lleva editados 15 discos a su nombre. Ha trabajado con Steve Coleman, Roscoe Mitchell, Wadada Leo Smith, Amina Claudine Myers y Oliver Lake, entre muchos otros. Por otra parte es Bachelor of Sciences en Matemática y Física del Yale College y un Master en Física y un Doctorado en Tecnología y Arte de la Universidad de California en Berkeley. Craig Taborn, por su parte, acaba de ganar notoriedad internacional con la edición de Avenging Angel, su primer disco para ECM y su cuarto disco a su nombre. Luego de trabajar durante varios años con James Carter, integro distintas formaciones de ne, Susie Ibarra y Dave Douglas, entre otros. Ambos comparten un virtuosismo para nada ostentoso y una curiosa manera de construir estructuras de naturaleza más bien circular, lo cual esta tarde resultó en un concierto gran complementariedad. Fueron cinco temas y un bis, que pudo ser dos si no hubiera estado pendiente la segunda parte.

Quince minutos más tarde, el concierto continuó con el Don Byron Trío, compuesto por Byron (clarinetes y saxo tenor), Edward Simon (piano) y John Betsch (batería). El show fue presentado como un intento de relectura de la obra de Lester Young. De ahí un sorprendente uso del tenor por parte del clarinetista, quien se animó a un extraordinario "Body and Soul" de más de 10 minutos. En cuanto al venezolano Simon, no es un pianista de la calidad de Taborn o Iyer, pero sí un lírico notable que, con el excelente Betsch --presentado como "parisino" por ser actualmente residente de la ciudad--, crearon el fondo necesario para las improvisaciones de Byron. Hubo de todo, incluso un "Lovesick Blues", tema country del repertorio tradicional, cantado con yodl por un muy risueño Byron. Bis de rigor y ovación del público. 

Afuera y con frío, al cabo de tres horas de excelente música, el cronista, volviendo a su casa, se preguntaba si optar por el concierto del viernes 17 con el ascendente Rudresh Mahanthappa y Bunky Green, en un duelo de saxos altos en primera parte, y Pharoah Sanders & The Underground Sao Paulo, en la segunda parte, o esperar al sábado 18, con Archie Shepp y Joachim Kühn en primera parte y Defunkt Millenium de Joe Bowie en segunda. Se aceptan sugerencias.