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sábado, 10 de mayo de 2014

Los músicos recomiendan (1): hoy, Barbie Martínez y Jimmy Scott.

Hacía rato que el blog de Minton’s quería inaugurar una sección en la que los músicos recomendaran sus discos favoritos, justificando por qué. Le tocó empezar a Barbie Martínez, que eligió  Falling in love is wonderful  de Jimmy Scott. Habrá más, tanto de ella como de otros amigos.

“Uno de esos discos que no olvidaría jamás”

En el jazz vocal existen, afortunadamente, infinidad de discos muy recomendables, por eso es tan difícil la tarea de elegir uno. Por eso me decidí por el disco que más me impactó emocionalmente en los últimos tiempos: Falling in love is wonderful (1962)., de Jimmy Scott

En cuanto lo oí, supe que era uno de esos discos que no olvidaría jamás, y me pasé los siguientes seis meses escuchándolo a toda hora y en todo momento, absorbiendo todo lo que Jimmy entrega, que es música en estado puro porque es un artista que no se guarda nada. Todos los temas son interpretados con un sentimiento, una calidez, una honestidad y una entrega que no se escucha usualmente y que denotan mucha experiencia de vida y la necesidad de compartir y sublimar todo lo vivido a través de la música y el arte. Se dice que hasta el mismo Jimmy Scott dijo que era el mejor álbum que había grabado en su carrera.

No es casual que el documental If you only knew empiece con Jimmy diciendo: “Intento de hacer canciones que reflejen pensamientos acerca de la vida. Pensamientos con los que vivimos cada día; las historias de amor, y todo eso. Pero para mí la letra tiene que significar algo, sabés? La letra tiene que estar contando una historia”.

Las emocionantes interpretaciones de Jimmy son acompañadas maravillosamente por los arreglos de los geniales Gerald Wilson y Marty Palch, que crean una música absolutamente conmovedora. Jimmy tiene al mensaje como eje, sin pretensiones, variando pocas notas de las melodías, pero al mismo tiempo con un uso tan magistral del espacio que uno siente que la música respira para después seguir siendo intensa, y así tener el balance perfecto entre la relajación y la intensidad. El disco es, también, una muestra de buen gusto, elegancia, refinamiento y romanticismo.

Si bien es un disco de baladas, me hubiera gustado escuchar temas en otros tempos. De todas maneras la exquisitez del disco justifica la elección del maravilloso repertorio de baladas, entre las cuales le encantaron especialmente “If I should lose you”, “I’m getting sentimental over you” y “Sunday, monday or always”.
               
Cuenta la historia que Jimmy Scott era de los cantantes preferidos de Ray Charles, y es por esa razón este último es el supervisor musical y pianista del disco. Originalmente Falling in love is wonderful se editó a través del sello Tangerine Records, de Ray Charles, pero fue sacado de circulación menos de un mes después debido a que Herman Lubinsky, de Savoy, sostenía que Jimmy seguía teniendo contrato con su sello. Afortunadamente, este disco fue reeditado en 2003 por Rhino Records.
               
Si todavía no tienen lo tienen, agréguenlo a su discoteca y van a experimentar un viaje musical único, ideal para un momento reflexivo, o romántico, o simplemente para relajarse y disfrutar con la maestría de uno de los más grandes cantantes de la historia del jazz. 


viernes, 28 de marzo de 2014

Barbie Martínez responde a las preguntas de Jorge Fondebrider

El Periódico de Poesía es una publicación digital de la UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México). Allí, desde hace más de seis años, Jorge Fondebrider se ocupa de una de las rúbricas mensuales. Se llama Poesía y Música e incluye artículos, reseñas y entrevistas que vinculan a ambas expresiones. En el último número on line, el de febrero último, hay una entrevista con Barbie Martínez. Entiéndase asimismo que la introducción incluye algunos conceptos dirigidos a un público no argentino.



Preguntas a Barbie Martínez

No por nacer en un lugar determinado uno tiene necesariamente que vivir ajustándose a las tradiciones de ese lugar. Esto mismo, dicho de otro modo, podría traducirse así: que la gente que nos precedió haya desarrollado cierto gusto o cierta costumbre no nos obliga a aceptar ciegamente esos gustos o costumbres como propios. Y si bien la decencia nos obliga a tratar de conocer ese bagaje que se nos lega –y en parte, condiciona–, cumplido ese tránsito tenemos la posibilidad de optar. Por caso, vivo en un país donde se toma mate. Hay toda una ceremonia alrededor de ese brebaje. A mí, el gusto de mate a veces me agrada; la ceremonia del mate y la bombilla compartidos, nunca. No por asco. Simplemente, juntarme con otras personas a pasar un recipiente común del que todos beben se me hace poco interesante. Hay, como se imaginará el lector, cosas mejores que llevarse a la boca… Entonces, no veo por qué tengo que cumplir con esa ceremonia tan cacareadamente argentina ni por qué, no cumpliéndola, sería menos argentino. Tal vez el ejemplo que acabo de plantear sirva para señalar que se opta por razones culturales, a veces por razones ideológicas y también, por puro gusto. Claro, cultura, ideología y gusto presentan límites difusos y a veces se confunden.

Sumo ahora un segundo ejemplo: a mí, que vivo en un país con grandes extensiones de campo, no me gusta el campo. En consecuencia, no me gusta especialmente el folklore rural argentino, que, si se me permite, no es tan rural como dicen y, llegado el caso, tampoco es tan folklórico. Por caso, hay muchas otras tradiciones de músicas folklóricas que sí me gustan, o que me gustan más. Pero a la hora de elegir, generalmente elijo la música de las ciudades. Y como vivo en una gran ciudad que originó el tango, una de las músicas más interesantes del siglo XX, disfruto enormemente la música de otras grandes ciudades. Y por encima de todas las músicas urbanas, el jazz. ¿Por qué? Tal vez porque a diferencia del tango, el samba brasileño y otras músicas igualmente nacidas en ciudades, es música que vive de la improvisación, de lo que ocurre una vez y nunca más, y, en consecuencia, de la intensidad. También, porque es omnívoro. El jazz se come todo: salió de la mezcla de las músicas folklóricas rurales de los Estados Unidos con la música europea de tradición escrita, y después siguió viaje sin detenerse jamás en ninguna latitud. Así, hay jazz estadounidense, pero también europeo, y jazz latino; y así como se habla del jazz de Nueva York, de Kansas o Chicago, hoy se puede hablar de jazz francés, de jazz italiano, de jazz escandinavo, de jazz japonés, indonesio o argentino, etc. En todos los casos, sigue siendo jazz sin que importe si se trata de la música generada por un saxofonista escocés, un trompetista italiano, un checo, un oudista argelino o libanés, o un baterista sudafricano.

Pero hay, sí, un problema: el jazz nació en inglés, las mejores letras de canciones conocidas y probadas por el paso del tiempo –los standards– fueron escritas en esa lengua. ¿Qué pasa entonces cuando alguien, que viene de otra tradición, se mide con esos temas? Para saberlo, le planteé una serie de preguntas a Barbie Martínez, quien, pese a su extrema juventud, con Swing, Live at Thelonious y Walkin’ (out the door), tres magníficos discos, acaso la mejor cantante de jazz de mi país.

–¿Qué tan determinantes son las palabras de una canción a la hora de cantar?
–Las palabras son la esencia de la canción. A la hora de cantar, las palabras tienen un peso fundamental para poder  contar una historia, y transmitir pensamientos, sensaciones o sentimientos. Esas palabras, cuando se cargan de sentido, contienen el alma o el espíritu del tema. Digamos que si un tema tiene letra entonces es fundamental saber de qué se trata y qué significan cada una de esas palabras o expresiones idiomáticas, para poder interpretarlo de una manera que tenga relación con el mensaje que contienen las palabras. Muchos standards son sumamente poéticos, y en ellos hay sutilezas, referencias de todo tipo, y detalles maestros que le dan una identidad única a cada canción. Creo que las palabras son nuestra guía para poder apropiarnos realmente de un tema mediante la interpretación subjetiva que hagamos de la letra.

–La mayoría de los standards de jazz, al igual que los tangos del período clásico, se refieren a otra época muy distinta de la nuestra. Por más que lo que expresan muchas de las letras tenga vigencia incluso hoy, ¿cómo se hace para lidiar con otra realidad tan alejada en el tiempo?
–Si bien es cierto que los standards se refieren a una época distinta y alejada de la nuestra, lo maravilloso del jazz es justamente su atemporalidad y universalidad. Las letras de los standards hablan sobre cosas “que nos pasan a todos”. Es muy fácil identificarse con estas canciones porque cuentan historias en las que nos podemos ver reflejados. ¿A quién no le paso desear que llegue un gran amor, como en “Lover man”, o querer que no hablen mal de uno cuando termina una amistad como en “Please don’t talk about me when I’m gone”? ¿Quién no se obsesionó pensando en alguien como en “Night and Day”, quién no conoce a alguien como la palma de su mano como en “I could write a book”, y quién no fantaseó alguna vez acerca de algo que no iba a suceder, como en “Imagination”? ¿Quién no dijo alguna vez “no me enamoro más”, como en “I’m through with love”, o “lo nuestro fue muy divertido, pero solo algo pasajero” como en “Just one of those things”? Y así, los standards hablan sobre todas las aristas del amor, la amistad y la vida y cuentan historias sobre los sentimientos de las personas frente a las más diversas situaciones, y esto es algo que trasciende las épocas.

–Entiendo que sos profesora de inglés. Con todo, vivís en castellano. ¿No hay ahí un cortocircuito cuando cantás letras escritas en otra lengua?
 –En mi caso, no siento un cortocircuito porque estudio inglés desde los 3 años, fui a un colegio bilingüe y después me perfeccioné en la facultad y di clases muchos años. Escucho jazz desde hace 17 años, y esa también es una forma de estar permanentemente ligada al idioma. Para mí, el inglés es casi como el castellano. Me siento completamente en casa cantando en inglés y lo tengo tan naturalizado que hasta puedo cambiar o sacar letra mientras improviso. De todas maneras, creo que si el mensaje es contundente y se tiene justificación artística va a funcionar aunque no sea tu lengua. En otras palabras, si se tiene algo para decir, se puede decir como sea y va a estar bien.

–¿En qué medida tu interpretación se ajusta a las tradiciones del género y en qué medida se aleja?
–Creo que mi interpretación se ajusta a las tradiciones del género en el sentido de que, en mi caso, es fundamental partir de ese lenguaje para poder sonar realmente en estilo. Por otro lado, soy una persona contemporánea y estoy atravesada por experiencias e influencias estéticas, musicales, culturales, etc. Eso resulta en un lenguaje propio que aún hoy se sigue construyendo y elaborando en torno de esa síntesis entre lo que uno toma y lo que uno intenta aportarle a la música.

–La elección de un tempo determinado puede hacer variar la naturaleza del standard elegido. ¿Cómo afecta la interpretación a la letra original? 
–La posibilidad de experimentar con los tempos es una de las formas que hay para reinterpretar un standard. Se puede conservar el espíritu de un tema aunque lo cambiemos drásticamente detempo. Se puede hacer una relectura o reinterpretación del mensaje del tema que justifique el cambio de tiempo. Uno puede contar una historia frenéticamente o con calma, siempre depende de la perspectiva, y esto es fácilmente aplicable a muchas historias. La interpretación le da vida a la letra original, la convierte en la historia o experiencia de alguien que se adentra en las profundidades de sus recuerdos y a través de esestandard sublima y comparte sentimientos que surgen desde lo más profundo para transformarse en algo tan bello y conmovedor como el canto. 

–¿Tenés compositores favoritos? ¿Cuáles? 
–Richard Rodgers, Duke Ellington, George Gershwin, Jule Styne, Jimmy Van Heusen, Jerome Kern, George Shearing, Vernon Duke, Victor Young, Thelonious Monk, Henry Mancini, John Lewis… También están los compositors que son, además, letristas, como Cole Porter, Sammy Cahn, Horace Silver, Billy Strayhorn, George Gordon, Johnny Mercer… Y otras categorías, como la de los compositores y letristas asociados. Por ejemplo, para no repetir, Harold Arlen (compositor) con Ted Koehler (letrista) o Jimmy McHugh (compositor) con Harold Adamson (letrista). Y los que además de ser letristas hacían algo más, como Eddie De Lange (letrista y director de orquesta), Hoagy Carmichael (compositor, cantante y pianista) y Frank Minion (cantante y letrista)

–¿Y letristas a secas?
Ira Gershwin, Lorenz Hart, Oscar Hammerstein, Bernie Haniguen…

–¿Pensás en la posibilidad de cantar jazz en castellano? Si así fuera, ¿cuál sería el tipo de compositor que elegirías?

–La verdad es que hoy por hoy no pienso en cantar jazz en castellano, pero si lo hiciera creo que elegiría temas del Flaco Spinetta porque creo que melodica y armonicamente es el compositor mas jazzístico y sus letras están llenas de poesía como en los standards.

martes, 28 de enero de 2014

Barbie Martínez y Georgina Díaz entrevistadas por Diego Fischerman

Diego Fischerman publicó la siguiente doble entrevista con Barbie Martínez y Georgina Díaz en la edición de Página 12, del domingo 26 de enero. La bajada de la nota dice: “Ambas vocalistas son la punta de un fenómeno nuevo en la escena jazzera porteña: una camada de artistas capaces de imprimir su personalidad a un repertorio histórico y de lograr verdaderas alianzas creativas con los mejores instrumentistas locales”.

“Somos evangelistas del jazz vocal”

Las dos cantan. Las dos cantan desde pequeñas y, para ambas, hubo una figura determinante: el padre para una, un abuelo para la otra. Las dos cantan jazz. Ambas son esencialmente distintas, en voz y en estilo. Pero tienen, sin embargo, mucho en común. Abordan el género desde un estudio profundo. Son la punta de un fenómeno nuevo en Buenos Aires: una camada de artistas genuinas, capaces de imprimir su personalidad a un repertorio histórico, de elegir con inteligencia qué y cómo lo interpretan, y de rodearse con los mejores instrumentistas y lograr con ellos verdaderas alianzas creativas. Una, Barbie Martínez, fue maestra de la otra, Georgina Díaz. La primera resume contando que lo que hace es “cantar jazz todo el día, todos los días”. La segunda es aún más radical. “Somos evangelistas del jazz vocal”, dice.

Martínez publicó este año su tercer disco, el excelente Walkin. Allí se lucen los arreglos de uno de sus colaboradores más fieles, el saxofonista Carlos Lastra, y el grupo está integrado por Leo Cejas en contrabajo, Sebastián Groshaus en batería y Enrique Norris en corneta. Entre los autores que revisita están Monk, Cole Porter, Bill Evans y los nada obvios Horace Silver y Mary Lou Williams (en inmejorables versiones de “Peace” y de “Walkin’”, respectivamente). Y su credo aparece nuevamente en una frase aparentemente sencilla: “Cualquier tema que tenga letra algo está diciendo”. Díaz, que acaba de publicar su primer álbum –Suddenly, con un grupo de gran nivel bautizado The Mornings– recuerda entonces una anécdota del saxofonista Ben Webster. “Una vez, en una grabación, de repente, paró de tocar. ‘¿Qué pasa?’, le preguntaron los que estaban tocando con él. ‘Si lo que estabas tocando era fantástico’. Y el contestó: ‘Es que me olvidé la letra’. Webster, que tocaba el saxo, no podía tocar su solo si no tenía presente las palabras de la canción.”

Alcanzaría con “Anita’s Blues”, de Anita O’Day, o con la extraordinaria “Si me enamoro (‘Love and deception’)”, de Sergio Mihanovich, o con la inte-racción que pone en juego The Mornings (Rodrigo Agudelo en guitarra, Damián Falcón en contrabajo y Sebastián Groshaus en batería, más dos invitados de lujo, Francisco Lo Vuolo en teclados en cuatro de los temas y Carlos Michelini en saxo alto en tres) para considerar a Suddenly un gran disco. Y Georgina Díaz habla sobre la conexión íntima con cada pieza: “Hay que ver qué de la vida de uno canta una canción”. Al mismo tiempo, las dos saben –y ponen en práctica– que lo que hace que se trate de jazz y no de otra cosa es el tratamiento que sean capaces de darle. Ambas, por otra parte, dan a su músicos un lugar preponderante. “Escuchamos a los músicos. Tratamos de que nuestra personalidad esté al servicio de lo queremos cantar y no al revés.” Martínez cuenta que no sólo escuchan cantantes. “También, mucho, instrumentistas de viento. Porque para ellos, como para nosotras, el instrumento expresivo es el aire. Y el fraseo.” Define, taxativa: “No nos interesa el rol de la cantante a la que los músicos acompañan. Tratamos de que haya interacción. Queremos ser un músico más del grupo”. Y, hablando del estilo, precisa: “Las variaciones rítmicas y melódicas unidas al sentido; hay una tensión entre los desarrollos que una hace y lo que la canción ya es. Ese es el juego”. Y es casi imposible pensar que ella, que es traductora de inglés, no tiene en cuenta, en ese momento la palabra “play” y su doble sentido: jugar e interpretar.

Barbie Martínez dice que el secreto –o su secreto– es “someter lo rítmico a exploración, a experimentación”. “Se encuentra un fraseo que es propio, un ritmo que es como el habla de cada uno. Y nadie habla exactamente igual que otro. Cada persona tiene su fraseo.” Díaz, por su parte, comenta: “La relación con la letra de la canción siempre es interesante. Por empezar, no todos los textos son iguales; los hay muy densos, profundos, y los hay más livianos. Pero eso no significa que, necesariamente, una vaya a cantar siempre rápidas las canciones con textos livianos y siempre lentas las canciones cuya letra es más compleja. Se puede jugar con eso. Se puede ir a favor o se puede ir en contra. Lo que no se puede es ignorar ese mensaje que la canción ya trae consigo”.

El padre de Georgina Díaz cantaba boleros. Y ella cantaba con él. Y aprendió después a tocar la guitarra para acompañarse. Y escuchó una vez a Ella Fitzgerald y Louis Armstrong. Y entró en un mundo del que ya no quiso salir. Barbie Martínez cantaba con su abuelo. También para ella el jazz fue un descubrimiento tan fortuito como definitivo. “Una profesora me hizo escuchar distintas canciones, de distintos géneros, a ver qué me interesaba. Cuando escuché la canción de jazz, sentí como un relámpago. Eso era lo que yo quería cantar.” Ambas hablan de la técnica; se confiesan fanáticas del estudio y del método, pero, al mismo tiempo, saben que allí no está más que el principio. “Sí, la técnica”, dice para sí Georgina Díaz. “Pero no es todo. Hay montones de cantantes que no son impecables y sin embargo están diciendo una verdad. Rubén Juárez, por ejemplo. Es Dios. Hay algo que transmite; que no puede dejar de transmitir. Y ésa es la función del arte, ¿no?” Barbie Martínez, entonces, completa: “El jazz necesita que uno reinvente una canción cada vez. Y que se reinvente a sí mismo, todo el tiempo. Hay una parte pensada, consciente, que tiene que ver con buscar el lenguaje, el estilo. Con estudiar e identificar las herramientas. Saber no tanto el nombre de cada cosa como el efecto que logra. Pero con eso sólo no se hace nada. Se trata, además, de ser abierto, honesto y poco pretencioso. De no olvidar el aspecto creativo. Y de saber que si uno no cree que está diciendo una verdad, nadie va a creérselo”.


domingo, 22 de enero de 2012

Los músicos recomiendan: hoy Barbie Martínez

Aprovechando el comienzo del año y siguiendo con las opiniones vertidas en las últimas semanas por los críticos y aficionados. el Administrador del blog le solicitó a una serie de músicos argentinos que recomendara aquellos discos aparecidos en 2011 que más les habían gustado, explicando brevemente por qué. Se dejó abierta la posibilidad de que fuera un disco debido a músicos internacionales o argentinos, ofreciéndose asimismo la opción de que pudieran elegirse al menos dos discos, uno editado en otro país y otro acá.

La primera en responder fue la cantante Barbie Martínez. La que sigue es su recomendación.


Carlos Lastra Cuarteto:  A child is born (Rivorecords)

A Child is Born es un disco muy esperado para quienes admiramos a Carlos Lastra,  un saxofonista maduro artísticamente, cuyo grupo intepreta standards con una impronta frontal y comprometida. Los temas son tocados visceralmente y con maestría. Es un disco que refleja el espíritu improvisativo y la potencia musical que tiene el grupo en vivo y los climas y matices que logran con esa sincronicidad y fluidez que es el resultado de una búsqueda grupal profunda. Un disco altamente recomendable.