(París. De nuestro enviado especial) Banlieues Bleus es un festival que se desarrolla desde hace 29 años en diversos suburbios de París. Es una forma de que la gente que vive en esos barrios, muchas veces alejados de la capital francesa, pueda acceder a espectáculos de primer nivel, en doble programa a precios francamente populares, con algunos de los más importantes músicos del momento. De hecho, para este 2012 fueron convocados, entre otros, el Trio Celea, Parisien, Reisinger y McCoy Tyner Trio con Joe Lovano, Matana Roberts Coin Coin, Marc Ribot, el ascendente trio de Andy Sheppard, Michel Benita y Sebastian Rochford, Lucia Recio & Fred Firth, etc.
Al enviado de Minton's, entonces, le tocó costearse ayer, domingo 1 de abril, a Epinay-sur-Seine, un suburbio sin gracia a 20 minutos de París (en coche), para asistir a la actuación de Jukebox y del trío Romano, Sclavis, Texier, ampliado con la presencia de Bojan Z y Nguyen Le. Entonces, después de almorzar liviano, se puso en marcha acompañado por una amiga que hizo las veces de chofer.
En la primera parte, como fue dicho, se presentó Jukebox, un quinteto de muy jóvenes músicos, compuesto por Louis Laurain (trompeta), Fidel Fourneyron (trombón), Fabrizio Rat (piano y concepción), Ronan Courty (contrabajo) y Julien Loutelier (batería). Según explicó el carismático Laurain --quien, entre tema y tema, se dedicaba a hablar para darle tiempo a sus compañeros a "preparar" sus instrumentos--, se trata de un grupo que funciona como una de esas máquinas que ofrecen hits musicales en los bares, lo que explica entonces el repertorio, fundamentalmente estructurado alrededor de temas de Perry Como, Elvis Presley, Suzanne Vega o chansonniers franceses del pasado. Hasta acá podría pensarse en algo así como en una Brass Fantasy (la de Lester Bowie) dismnuida a quinteto. Pero lo interesante es que, siempre de acuerdo con Laurain, en algún momento del tema los miembros de Jukebox empiezan a tener problemas con las partituras y la música se dispara en direcciones increíbles: los vientos se usan justamente para producir viento sin sonido, el piano preparado parece una caja de música, el baterista coloca todo tipo de instrumentos de cocina sobre los parches, el contrabajista limita el sonido de su instrumento con broches para la ropa. Llenos de sentido del humor, pero, al mismo tiempo, de un fantástico rigor interpretativo, estos músicos --que en su mayoría no alcanzan los 30 años-- dieron una demostración de que el jazz no tiene por qué ser una música aburrida ni patética. Y fueron muy aplaudidos por el público de una sala largamente colmada.
La segunda parte, la que de veras había convocado al público, tuvo como protagonistas excluyentes al trío formado por Louis Sclavis, Henri Texier y Aldo Romano, tres líderes virtuosos del jazz francés, que reaparecieron en disco (3 plus 3) con tres invitados de lujo: Enrico Rava, Bojan Z y Nguyen Le, constituyendo así una especie de supergrupo probablemente sin precedentes en el jazz local. Y pese a la ausencia de Rava, hay que decir que su actuación superó toda expectativa que uno pudiera tener. Se trata de monstruos absolutos, líderes por derecho propio, puestos aquí al exclusivo servicio de la música y de las composicones de cada uno de los miembros del grupo.
Sclavis en vivo es simplemente asombroso tanto en el clarinete, el clarinete bajo o el saxo soprano. De una perfección pocas veces oída en esos instrumentos, encuentra en Nguyen Le el compañero ideal. Ambos "conversan" permanentemente y, de tanto en tanto, llevan adelante complicadísimos pasajes al unísono que, por sus dificultades técnicas, serían una invitación al desastre en músicos menos dotados. Texier es uno de los mejores contrabajistas que a este corresponsal le tocó ver. Da la impresión de que nada le resulta ni difícil ni complicado y, pese a su fama de mal genio, disfruta tocando y aprueba cada intervención afortundada de alguno de sus compañeros. Romano es una especie de eminencia gris que propulsa cada tema sin exagerar y sin grandilocuencias. Da la impresión de que sus antebrazos son totalmente independientes del cuerpo, que apenas mueve mientras toca y, por alguna razón, busca en permanencia la complicidad con Bojan Z, que en piano eléctrico y piano aporta una cuota de levedad a la densidad de lo que se oye. Simplemente, un concierto sobresaliente, acaso el mejor que le tocó escuchar a este enviado durante su breve estadía parisina, ya en cuenta regresiva. Ahora bien, ¿qué cabría imaginar si uno piensa que no estaba Enrico Rava?
Con este pensamiento, al cabo de casi tres horas y media de show por unos 20 euros (menos de 120 pesos), este corresponsal salió a la noche del suburbio, sin olvidar que mañana martes parte a Roma y de ahí a Nápoles, obligado por Guillermo Hernández, quien exigió un condimento particular para la pizza que prepara en secreto en Merlo. Y como sus deseos son órdenes, por una semana no habrá nuevos posteos en el blog.
La disquería especializada en jazz Minton's fue creada en 1993 por Guillermo Hernández. Funciona en la Galería Apolo, Local 26 (Corrientes 1382 - Buenos Aires - Argentina). Con el correr del tiempo, se ha constituido en un sitio de reunión para músicos, periodistas y aficionados al género. Como consecuencias naturales de las reuniones que allí tienen lugar, poco a poco su campo de acción y especificidad han ido abarcando otras áreas. Este blog es prueba de ello.
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lunes, 2 de abril de 2012
lunes, 5 de marzo de 2012
Aldo Romano y Enrico Rava en el Sunside
(París, de nuestro enviado especial) No fue en el fin de semana, pero sí hoy lunes. Nuevamente sobreponiéndose a los elementos, el enviado de Minton's cruzó raudo París y se allegó al 60 de la rue de Lombards para ver al nuevo cuarteto de Aldo Romano y Enrico Rava, que presentaban un nuevo disco junto con el pianista Baptiste Trotignon (sí, el mismo que protagonizó el bochorno que todos recuerdan en el Buenos Aires Jazz del año pasado, acaso inducido por ese cordobés, Minino Garay) y el contrabajista Thomas Bramerie.
El Sunside (tal el boliche en cuestión) es poco más que un pasillo con fondo y sillas, que da a un escenario mínimo. Está en el barrio de Les Halles, donde se encontraba el antiguo mercado de abasto de París, y entran unas 150 personas apretadas como sardinas por lo que, incluso en invienro, hace un calor insoportable que se combate bebiendo a precios considerablemente más altos que en los bares normales. Por suerte, el sonido es bueno, pero uno escucha incómodo. Sobre todo cuando, como le tocó a este corresponsal, detrás de uno hay unas mujeres italianas que hablan durante toda la función en voz alta hasta que la irritación del cronista lo lleva a darse vuelta y proferir un estertóreo finiscella --que habría hecho las delicias del Dr. Barreiro-- para hacer que se calleasen, lo que efectivamente ocurrió.
Enrico Rava estaba en plena forma como siempre y, de hecho, hoy llevó a cabo algo así como una verdadera demostración de estilos ya que pasó del bebop furioso de algunos standards (hubo, por ejemplo, una versión muy rápida de "My Funny Valentine") a una trompeta muy romátncia cuando se dedicó a recrear melodías italianas clásicas.
Aldo Romano, por su parte, es a pesar de los años un baterista imponente. Pese a algunos de sus últimos discos -- probablemente bastante alejados de los de hace una década--, tanto con Inner Smile (el disco que se promocionaba en el concierto, recientemente editado por el sello Dreyfus, con la misma formación) como en el álbum doble en vivo de Palatino, parece haber recuperado el rumbo. Sorprende la ferocidad con que le pega a la batería y, aunque parezca una perogrullada, la cara de malo que suma a cada golpe. Cada uno de sus solos es de una gran inteligencia y, más allá de la violencia que exhibe, es capaz de una notable sutileza.
Baptiste Trotignon es un muy buen pianista. Si uno se quedó con la impresión desagradable que produjo oírlo tocar "música argentina" ("Sus ojos se cerraron", el tema principal de la "Misa Criolla") a instancias del cordobés ése, oírlo en un contexto netamente jazístico es otra cosa: sabe acompañar, no se encima a las voces solistas, posee muchos recursos y, sobre todo, está a la altura del lirismo que propone la trompeta de Rava.
Otro tanto podría decirse de Thomas Bramerie, miembro estable del Jean-Michel Pilc Trio y del Belmondo Brothers Quintet, además de acompañante de Dee Dee Bridgewater, Tommy Flanagan, Benny Golson, Frank Wess, Joe Lovano, James Moody y Joshua Redman, entre muchos otros. Y aquí valdría la pena subrayar la solidez de la mayoría de los contrabajistas franceses cuyo aplomo, a este corresponsal, le parece envidable.
Entre standards y originales (algunos muy viejos, como "El camino", de Romano) transcurrió el concierto de estos "cuatro músicos que de vez en cuando se juntan a tocar para pasarla bien", según las palabras del baterista.
Este cronista tuvo oportunidad de conversar un rato con Rava, quien le comentó que en abril viaja a Buenso Aires con su quinteto y Gino Paoli para presentarse en la ciudad. Si toca como hoy, va a ser para no perdérselo.
El Sunside (tal el boliche en cuestión) es poco más que un pasillo con fondo y sillas, que da a un escenario mínimo. Está en el barrio de Les Halles, donde se encontraba el antiguo mercado de abasto de París, y entran unas 150 personas apretadas como sardinas por lo que, incluso en invienro, hace un calor insoportable que se combate bebiendo a precios considerablemente más altos que en los bares normales. Por suerte, el sonido es bueno, pero uno escucha incómodo. Sobre todo cuando, como le tocó a este corresponsal, detrás de uno hay unas mujeres italianas que hablan durante toda la función en voz alta hasta que la irritación del cronista lo lleva a darse vuelta y proferir un estertóreo finiscella --que habría hecho las delicias del Dr. Barreiro-- para hacer que se calleasen, lo que efectivamente ocurrió.
Enrico Rava estaba en plena forma como siempre y, de hecho, hoy llevó a cabo algo así como una verdadera demostración de estilos ya que pasó del bebop furioso de algunos standards (hubo, por ejemplo, una versión muy rápida de "My Funny Valentine") a una trompeta muy romátncia cuando se dedicó a recrear melodías italianas clásicas.
Aldo Romano, por su parte, es a pesar de los años un baterista imponente. Pese a algunos de sus últimos discos -- probablemente bastante alejados de los de hace una década--, tanto con Inner Smile (el disco que se promocionaba en el concierto, recientemente editado por el sello Dreyfus, con la misma formación) como en el álbum doble en vivo de Palatino, parece haber recuperado el rumbo. Sorprende la ferocidad con que le pega a la batería y, aunque parezca una perogrullada, la cara de malo que suma a cada golpe. Cada uno de sus solos es de una gran inteligencia y, más allá de la violencia que exhibe, es capaz de una notable sutileza.Baptiste Trotignon es un muy buen pianista. Si uno se quedó con la impresión desagradable que produjo oírlo tocar "música argentina" ("Sus ojos se cerraron", el tema principal de la "Misa Criolla") a instancias del cordobés ése, oírlo en un contexto netamente jazístico es otra cosa: sabe acompañar, no se encima a las voces solistas, posee muchos recursos y, sobre todo, está a la altura del lirismo que propone la trompeta de Rava.
Otro tanto podría decirse de Thomas Bramerie, miembro estable del Jean-Michel Pilc Trio y del Belmondo Brothers Quintet, además de acompañante de Dee Dee Bridgewater, Tommy Flanagan, Benny Golson, Frank Wess, Joe Lovano, James Moody y Joshua Redman, entre muchos otros. Y aquí valdría la pena subrayar la solidez de la mayoría de los contrabajistas franceses cuyo aplomo, a este corresponsal, le parece envidable.Entre standards y originales (algunos muy viejos, como "El camino", de Romano) transcurrió el concierto de estos "cuatro músicos que de vez en cuando se juntan a tocar para pasarla bien", según las palabras del baterista.
Este cronista tuvo oportunidad de conversar un rato con Rava, quien le comentó que en abril viaja a Buenso Aires con su quinteto y Gino Paoli para presentarse en la ciudad. Si toca como hoy, va a ser para no perdérselo.
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