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domingo, 7 de febrero de 2016

El Tony Malaby's Tubacello y el Oliver Lake Organ Quartet en Choisy-le-Roi

Choisy-le-Roi está a unos 12 km de París, lo que traducido al R.E.R. (tren interurbano) implica unos 16 minutos de confortable trayecto. Allí tuvo lugar el concierto al que el emisario de Minton's asistió, acompañado de su amable chasirete Eliane Chamber-Loir. La sala Paul Eluard, a la que se llega cruzando el Sena por una pasarela que sale de la estación, además de cómoda es amplia. El escenario también.

La primera parte del concierto tuvo como protagonista al Tony Malaby's Tubacello, grupo integardo por Bob Stewart (tuba), Christopher Hoffman (violoncelo) y John Hollenbeck (batería, percusión y piano preparado), además del propio Malaby en saxo tenor y soprano.

Foto:J.F.
A los 71 años, Bob Stewart es toda una institución. Si uno se limitara a mencionar los nombres de Charles Mingus, Gil Evans, Carla Bley, Charlie Haden, Lester Bowie, Muahl Richard Abrams, Dave Murray, Dizzy Gillespie, McCoy Tyner, Arthur Blythe, Freddie Hubbard, Don Cherry, Wynton Marsalis y Bill Frisell (aunque la lista podría ser mucho más extensa e incluir, por ejemplo Uri Caine, o a Sam Rivers, o a Taj Mahal, con quien formó un curioso grupo de banjo y tubas) tal vez bastaría para explicar que se trata de uno de los más importantes intérpretes de su singular instrumento (el otro es Howard Johnson).


Foto: J.F.

Compositor y celista, Christopher Hoffman ha trabajado con artistas tan disímiles como Yoko Ono, Marianne Faithgull, Ryan Adams, Dar Williams, John Zorn, Voladores, Nate Wooley, Henry Threadgill's Zooid, Marc Ribot's Film Noir, además de integrar sus propios grupos: The Silver Cord Quintet, Magic Wells y Company of Selves. Frecuente colaborador de Martin Scorsese (para quien ha trabajado en numerosos filmes) es, asimismo, co-fundador del sello Hundred Pockets Records.




Foto: Eliane Chamber-Loir
De John Holenbeck también podrían decirse muchas cosas. Compositor y percusionista, es el cerebro alrededor del cual se constituye el Claudia Quintet, además del líder del John Holenbeck Large Ensemble, el grupo Jass, el Blind Date Quartet, el Refuge Trio y otras formaciones igualmente prestigiosas. Sus servicios fueron igualmente requeridos por Bob Brookmeyer, Fred Hersch, la Village Vanguard Orchestra, Kenny Wheeler, etc.

El concierto consistió en tres temas, oportunamente anunciados por Malaby no sin humor. Cada uno se ordenaba a partir de estructuras precisas que luego cedían un amplio espacio para la improvisación, que, a su vez, se resumía en una nueva estructura. 

Alternando entre ambos saxos, Malaby confirmó una vez más por qué es uno de los mejores saxofonistas de la actualidad: a su energía francamente deslumbrante sumó cada vez orden e inteligencia. Holenbeck, por su parte, tocó en numerosos pasajes la batería y el piano preparado, finalmente otro instrumento de percusión, al mismo tiempo. Hoffman fue en todo momento un perfecto antagonista para Malaby, al que, no obstante se unió para largos y complejos pasajes al unísono. Bob Stewart ancló al grupo en todo momento, permitiéndose hacia el final del show, un excelente solo. 

Foto: J.F.

Al final, luego de los saludos, Fondebrider se acercó a Malaby para saludarlo. El saxofonista se acordaba perfectamente de sus días en Buenos Aires y dijo que había una invitación para ir a tocar allá en noviembre y que era bastante probable que se hiciera.

Foto:J.F.


La segunda parte del show tuvo como protagonista al Oliver Lake Organ Quartet recreando el repertorio de Jackie McLean y Eric Dolphy. El grupo está compuesto por Lake en saxo alto, Freddie Hendrix en trompeta, Jared Gold en Hammond B-3 y Chris Beck en batería. 

Con 73 años, Lake sigue siendo una de las grandes referencias del jazz contemporáneo. Y si hoy toca menos y deja mucho espacio a sus muy jóvenes compañeros, cuando toca lo hace con una notable autoridad y en todos los registros posibles. Austero, sólo se acercó al micrófono para presentar un tema de Mal Waldron, compuesto para Eric Dolphy, y para agradecer al público.

El grupo incluye al organista Jared Gold, quien a la fecha lleva grabados como líder los álbumes  Solids & Stripes (2008), Supersonic (2009), Out of Line (2010), All Wrapped Up (2011), Golden Child (2012), Intuition (2013) y JG 3+3 (2014), además de haberse presentado junto a John Abercrombie, Ed Cherry, Adam Nussbaum, Don Brade y Ralph Peterson, entre muchos otros.

Foto: J.F.


Por su parte, Freddie Hendrix (que no debe ser confundido con su homónimo también trompetista, de Nueva Jersey) demostró ser un músico extraordinario con un enorme futuro por delante. 

Otro tanto puede decirse de Chris Beck, un baterista de una solidez fantástica, siempre preciso y muscular, que trabajó con David Murray, Ed Cherry, Curtis Fuller, Charles Fambrough, Tim Warfield, Terell Stafford, Nicholas Payton, Orrin Evans, Cyrus Chestnut, Wydcliffe Gordon, Mark Whitfield y muchos artistas de rhythn & blues y soul, como Martha Reeves y Macy Gray, entre muchísimos otros.

En síntesis, un grupo ajustado, lleno de ideas y, asismismo, una recreación contemporánea de músico compuesta y grabada hace varias décadas. En todo caso, una velada llena de alternativas y grandes músicos..




2014). 



miércoles, 3 de febrero de 2016

Jemeel Moondoc, Joe McPhee y Matthew Shipp en Arcueil

Situada a unos 2 km de París, Arcueil es otra de las comunas que integran el Val de Marne. Su nombre invoca los arcos construidos por los romanos para llevar agua a Lutecia en la antigüedad. Y fue precisamente debajo de esos arcos donde el Dr. Barreiro, su señora esposa y el fiel Fondebrider se perdieron cuando intentaban llegar al concierto que iba a desarrollarse en el Espace Jean Vilar, en la 1 rue Paul Signac. Y tanta precisión viene a cuento porque, luego de 40 minutos de espera en la estación Les Halles, se anunció por los parlantes que el R.E.R. (tren interurbano) estaba demorado por alguien que había decidido suicidarse en sus vías. Mientras esto ocurría, la gente iba aglomerándose en el andén (era hora pico) y el futuro se veía negro sardina. Finalmente, llegó el tren y todos entraron a presión (exactamente como si se tratara de la citada conserva) hasta que las estaciones fueron sucediéndose y la aglomeración, aumentando. Escupidos, que no descendidos del tren en Arcueil, Fondebrider procedió a preguntarle a una mujer dónde estaba el teatro, a lo que la mujer informó mal. Llegados a un callejón de terrible catadura, otra mujer a la que se le preguntó aumentó la confusión. Cuando todo auguraba lo peor, apareció una chica que informó que el Espace Jean Vilar estaba del otro lado de las vías, que había que desandar todo el camino hecho, etc. A cinco minutos de que empezara el show, los Barriero y Fondebrider retrocedieron hasta volver al punto de partida. Allí, la esposa de Barreiro (a la que para abreviar llamaremos Elsa) y Fondebrider se dedicaron científicamente a estudiar un plano del barrio, mientras el Dr. en perfecto castellano de San Isidro (o sea, con una papa parcialmente masticada en la boca) le preguntó a un señor polaco por el lugar, y éste último contestó en mal francés, que milagrosamente la mente afiebrada del Dr. tradujo para los demás. "¿Vieron? Y hablando apenas castellano", dijo triunfante. Y así fue como el Dr. Barreiro guío a la comitiva al Espace Jean Vilar, al que entraron en el preciso momento en que el show estaba por comenzar.



La primera parte estuvo a cargo del grupo liderado por Jemeel Moondoc (saxo alto), con Matthew Shipp (piano), Hilliard Greene (contrabajo) y Newman Taylor Baker (batería). Moondoc, nacido en Chicago en 1951, entró caminando como si tuviera una hernia de disco mal curada, con un sombrero de gnomo y una cara ad hoc, y subió con dificultad al taburete que le habían destinado para que descansara su minúscula humanidad. Y ahí se termina toda la ironía, porque lo que siguió fue un show absolutamente extraordinario, a cargo de un grupo francamente excepcional con un Moondoc en forma, para no hablar del resto del grupo.

Ahora bien, si uno cree haber visto grandes pianistas (y de hecho en el jazz hay muchos), Matthew Shipp (1960) es un prodigio de inteligencia, recursos y sutileza. Por su parte, Hillard Geene (1958), un veterano de Berklee que tocó con Steve Swell, Gebhard Ullmann, Barry Altschul, Dave Douglaqs, Klaus Kugel, Perry Robinson y Charles Gayle, entre otros, fue la columna vertebral del grupo y quien principalmente marcó los cambios de ritmo en una velada que, fuera de algún standard de Coltrane, estuvo principalmente dedicada al blues. Newman Taylor Baker (1943), integrante de los grupos de Billy Harper, Henry Threadgill, Billy Bang, Henry Grimes, Leroy Jenkins fue el acompañante ideal y, para sorpresa de los presentes, se dedicó a explorar la parte de abajo de la batería, tocando los tambores al revés y alternando las baquetas y escobillas... con cucharas de cocina. 

Esa primera parte fue tan buena que Fondebrider, que nunca exagera, le comentó al Dr. Barreiro que había sido uno de los mejores conciertos que recordaba haber visto. El Dr., que a pesar de haber averiguado que "¿Tocá jazz!" en francés se decía "Jouez jazz!" no tuvo que recurrir a su conocimiento de lenguas, estuvo de acuerdo. En el entreacto, antes de que ambos huyeran a ver los discos en el stand de Rogue Art especialmente dispuesto en el hall, tuvieron tiempo de documentar su paso por el Espace Jean Vilar con el claro objetivo de enviarle la foto a Guillermo Hernández, presente en espíritu, que no en su abultada humanidad de campera roja. 


La segunda parte del show fue muy interesante, pero, a pesar de la intensidad desplegaa, no pudo empardar lo que los emisarios de Minton's vieron en la primera parte. Se presentaba The Bridge, en su versión n| 11; vale decir, un grupo conformado por músicos estadounidenses y franceses, que, con distintas formaciones, se presenta dos veces por año en los Estados Unidos y dos veces en Francia. El grupo que tocó en el Espace Jean Vilar estaba integrado por Joe McPhee (saxo tenor y trompeta pocket), Daunik Lazro (saxo barítono), Joshua Abrams (contrabajo y guembri), Guillaume Séguron (contrabaja) y Chad Taylor (batería y m'bira). Tocaron un único tema, que les llevó algo así como una hora y cuarto, cuyos cambios estaban determinados sistemáticamente por la batería de Taylor.(para más datos, integrante del Chicago Undergroun Duo con Rob Mazurek, del trío de Marc Ribot y Henry Grimes, y acompañante de Dave Liebman, Fred Anderson, etc.). Tanto en la m'bira (instrumento de Camerún al que en castellano se suele llamar kalimba) como con su potente batería era el responsable de fijar la dirección que asumirían los saxos y los contrabajos. 

Por supuesto que el gasto mayor quedó a cargo de Joe McPhee quien, a sus 76 años, mostró una forma francamente envidiable. La naturaleza hímnica de todo lo que tocaba hacía pensar en Albert Ayler y su discurso en todo momento era perturbado por las frecuentes intervenciones de Daunik Lazro, también influido por Ayler y frecuente colaborador de Saheb Sarbib, George Lewis, Jean-Jacques Avenel, etc. Por su parte, Abrams, uno de los contrabajistas estadounidenses más importantes de la actualidad y Séguron, discípulo de Jean-Francois Jenny Clark, tuvieron espacio suficiente para hacer diversos dúos con y sin arco.

En un momento especialmente denso de la interpretación, el Dr. Barreiro le preguntó a Fondebrider: "¿Cómo se decía 'Tocá'?". Pero aparentemente la cosa no fue para tanto porque un cambio de atmósfera hizo que prestara atención y comentara lo bueno que era el baterista.

Terminado el show, los Barreiro y Fondebrider buscaron la estación del R.E.R. y volvieron a París. Ellos bajaron en Saint-Michel. Fondebrider siguió hasta la Gare du Nord. Todos se perdieron en la llovizna que, como todas las noches, caía sobre París.






sábado, 30 de enero de 2016

Muhal Richard Abrams y Anja Lechner con François Couturier en Sons d'Hiver 2016

Foto: Eliane Chamber-Loir
Guillermo Hernández no tuvo suerte con los conciertos. Pero el fiel Fondebrider, sí. De hecho, el viernes 29 pasado, asistió al comienzo de Sons d'Hiver, probablemente uno de los mejores festivales de jazz de Francia, que todos los años tiene lugar entre enero y febrero en la región de Val de Marne, una serie de municipios obreros del sur de París que, gracias a la gestión de intendentes comunistas, tiene una excelente política cultural y una serie de espléndidos teatros donde, entre muchas otras actividades, transcurren estos conciertos.En 2016, Sons d'Hiver cumple veinticinco años de existencia y decidió tirar la casa por la ventana.


Foto: Eliane Chamber-Loir
El concierto de apertura transcurrió en el Auditorium Jean-Pierre Micquel de Vincennes. Allí, exactamente a las 20.30, Fabien Barontini, director de Sons d'Hiver, dijo que, para festejar los veinticinco años, imaginaron comenzar con un concierto fuerte en el que se presentara una figura emblemática del género. La elección recayó en Muhal Richard Abrams (1930), a quien se invitó a que realizara un piano solo. Para quienes no estén informados, se trata del creador de la Assocaition for the Advancement of Creativ Music (AACM), quien en 1965 se convirtió en mentor de un número importante de jóvenes músicos exponentesdeloquese llamó Great Black Music. Compositor y piansita, Abrams pasó por todos los estilos y lo hizo dejando su impronta característica: un tratamiento oblicuo de los temas y una significativa tendencia a la  abstracción. En la oportunidad, tocó sólo dos temas: el primero de aproximadamente una hora de duración y el segundo, de unos quince minutos. Resultó realmente asombroso ver a este increíble virtuoso sentado delante del piano, con la cabeza baja, buscando una tecla y un sonido que, poco a poco, se va ampliando hasta llegar a una suerte de paroxismo francamente sorprendente. 

Terminado ese momento excepcional, le tocó al dúo compuesto por la chelista alemana Anja Lechner  Anja Lechner y el pianista francés François Couturier hacerse cargo de una velada que había sido marcada a fuego por Abrams. De hecho, Couturier lo dijo con todas las letras: ¿cómo tocar después de semejante demostración de virtuosismo y genio? 

La fórmula elegida fue tocar íntegramente Moderato Cantabile, el álbum que ambos músicos editaron en 2014 para el sello ECM, donde una y otro, ya sea con discos propios, ya sea integrando grupos colectivos (el Rosamunde Quartet, las grabaciones de Dino Saluzzi, en el caso de la celista, los grupos de Anouar Brahen, Louis Sclavis y Jean-Luc Matinier, en el de Couturier) vienen grabando desde hace años.

Foto: Eliane Chamber-Loir


Y acá importa decir que Lechner es una intérprete realmente magnífica, dueña de una expresividad singularísima, y Couturier un pianista brillante. Sin embargo, el repertorio del disco (básicamente, "composicones de compositores poco conocidos", según la explicación de Couturier) resultó muy poco convincente. Tanto los temas de G.I Gurdieff, como los del catalán Federico Mompou, y los del armenio Komitas Vardapet (así como los del mismo Couturier) resultan agradables pero siempre termian sonando como remedos de otra cosa que uno ya escuchó hace tiempo. En síntesis, nada que valga la pena recordar más allá del show o del disco en cuestión. Y por más que se trató de una interpretación de primer orden, frente al peso de la primera parte y al virtuosismo de Muhal Richard Abrams, la pregunta de Couturier sobre cómo seguir no fue debidamente contestada.

Así lo pensó Fondebrider, quien acompañado por su amiga Eliane Chamber-Loir, obligada fotógrafa de la velada, como siempre, se perdió en la noche de Paris. .

viernes, 1 de enero de 2016

El queso en Merlo o Sons d'Hiver 2016

Acaso por el roce con su distinguida clientela, hete aquí que Guillermo Hernández, unos días antes del final de año, discute amargamente con el almacenero de la esquina de su casa en Merlo. La discusión gira alrededor de un pedazo de "roquefort" (así lo llama el almacenero), que Hernández insiste en denominar "bleue". Su argumento es simple: en la Argentina no existe auténtico roquefort. Lo que comemos es bleue, queso que carece de apelación como el otro, que desde su nombre denuncia un origen. En un momento de la charla, el almacenero (cuya identidad, por motivos de seguridad, se mantiene oculta) retruca que lo que el vende es roquefort, y agrega: "El bleue también tiene apelación: se llama bleue d'Auvergne. ¿Qué se cree? ¿Que le doy gato por liebre?", y acaricia el cuchillo con el que se disponía a cortar el falso roquefort. Dado el cariz de los acontecimientos, Hernández, imagina un final sangriento para la discusión, que así es como los hombres (y algunas mujeres) dirimen estas cosas en Merlo. Entonces se aleja del mostrador, suelta dos tacos referidos a la vida sensual de la madre del almacenero  (en Merlo les dicen "puteadas") y ya en su casa llama al fiel Jorge Fondebrider, a quien le dice: "Che, andate para París y averiguame lo del roquefort que acá hay un pelotudo al que le quiero tapar la boca". Como siempre, se arreglan los viáticos y el 16 de diciembre, Fondebrider desembarca en París, con buen tiempo.


Lejos de ocuparse de la tarea encomendada, Fondebrider atiende otras urgencias, como visitar Crocojazz, donde su dueño Gilles Coquemplot (canoso y al fondo de la foto) comenta con sus clientes las novedades discográficas de fin de año. Se habla del cuádruple solista de Brad Mehldau, del concierto grabado de Ahmad Jamal y Yusef Lateef, de las grabaciones de Jerome Richardson. Cosas así.

Luego, saciado el primero de muchos impulsos que lo acometerán en días sibsiguientes, Fondebrider busca la programación de Sons d'Hiver, uno de los mejores festivales de jazz del mundo, al que ya asistió en 2012, ocasión en que fue enviado especial del Núcleo Duro de Minton's (cfr. entradas correspondientes en este mismo blog). Olvidando entonces la razón de su viaje, lleno de entusiasmo le envió a Hernández la programación de este año, que comienza, justamente, el 29 de enero, con Muhal Richard Abams y, en segunda parte, Anja Lechner con Francois Couturier. 


Hernández, azorado por las noticias, se incomoda hasta el Correo Central (ex Centro Cultural "Néstro Kirchner") para envíar un telegrama: "YA SALGO PARA AHÍ. STOP. FIJATE EL QUESO. STOP.".