viernes, 30 de mayo de 2014

Dijo Mingus: ¡Me follé a veintitres tías en una noche, la mujer del jefe incluida!


Como se habrá visto, en este blog el criterio de novedad nos tiene absolutamente sin cuidado. Así como, parafraseando al poeta y narrador mexicano Fabio Morábito, no hay razón para pedir poemas inéditos cuando nadie lee los éditos, tampoco hay razón para publicar notas “de actualidad” cuando “actual” no es necesariamente criterio de casi nada. Por eso, reproducimos a continuación una vieja bibliográfica realizada por Diego Fischerman sobre Menos que un perro, la singular autobiografía de Charles Mingus, traducida a un castellano atiborrado de carajillo y butifarra por Mondadori, en el año 2000.

Sobre la autobiografía de Charles Mingus (Mondadori)

Toda biografía es una ficción. La de Charles Mingus, escrita por él mismo, lo es hasta el extremo de lo posible y no lo oculta. Contrabajista, pianista, compositor y aglutinador de músicos y estéticas, Mingus escribe sobre Mingus como si fuera otro, se llama a sí mismo "mi chico", "mi muchacho" o "mi hombre" y elige, para todo su libro, una suerte de mayéutica aristotélica: la historia (falsa) se cuenta con diálogos. Mingus cuenta lo que cuenta de la misma manera (verdadera) en la que toca: por impulsos, en ráfagas, sumando voces y negándose a que haya una que regule (el contrabajo, el piano o un narrador conocedor de los acontecimientos) a las demás, que indique cómo deben ser leídas, que las articule como segundas o terceras voces en relación con una melodía predominante. Como Mikhail Bajtin hubiera soñado, el reino de Mingus es el de la polifonía.

"Tendré más cosas que decir musicalmente si vivo con los perros...; siendo menos que un perro... tendré más que contar", dice Mingus, reproduciendo una conversación con Lee-Marie, una de sus mujeres, mientras intenta convencerla de que no siga a un cafishio (chulo, en la discutible traducción española de Francisco Toledo Isaac) que él mismo le ha presentado, presa de la admiración que, según cuenta, su éxito y riqueza le merecían. De ahí, tal vez, el título. O, quizá, de esa especie de distancia permanente, de marginalidad a ultranza que se desprende de no ser "lo suficientemente blanco para dejar de pasar por negro ni lo bastante claro para que me llamen blanco". Charles Mingus tituló su autobiografía, publicada en castellano por la editorial Mondadori, Menos que un perro. Y entre sus ficciones está la de la abyección más espantosa y, paralelamente, la de la potencia sexual sin límites: "¡Yo soy mucho más hombre que cualquier sucio mamón blanco!
¡Me follé a veintitres tías (ya estaba dicho: la traducción es un follón) en una noche, la mujer del jefe incluida!", dice ante la desconfianza de su psicoanalista –otra invención de Mingus– que lo acusa de exagerar en más de una ocasión ("eres un buen hombre, Charles, pero hay mucha invención y fantasía en lo que dices. Por ejemplo, ningún hombre podría con tantos actos sexuales en una sola noche como los que tú alardeas"). La respuesta del músico es: "Lo hice porque deseaba morir y esperaba que eso me matase. Pero al volver de México aún me sentía satisfecho, así que paré"


Ambos, músico y psicoanalista –y todos los personajes que desfilan por el libro: Gillespie, Tatum, Miles Davis, Charlie Parker, Fats Navarro– son, por supuesto, el propio Mingus que, ya al principio se ocupa de aclarar: "Yo soy tres. Un hombre que permanece siempre en medio, despreocupado, inmóvil, observando, esperando a que le sea permitido expresar lo que ve a los otros dos. El segundo hombre es como un animal asustado que ataca por miedo a ser atacado. Luego está la persona extremadamente cariñosa y amable que admite a la gente en el templo más sagrado de su ser y soporta los insultos y es confiado y firma los contratos sin leerlos". 

Casi en el comienzo hay otra prueba y tiene la forma de un perfecto cuento de fantasmas en el que el espíritu de Mingus, enternecido, ve a "mi chico" después de un accidente y piensa si volver o no a rescatarlo de la muerte.
El inglés Brian Priestley –que hizo una biografía un poco más seria–, en su monumental trabajo sobre Mingus no deja lugar a dudas. Muy poco de lo que allí se cuenta se corresponde con la realidad. Por otra parte, son pocos los momentos en los que esta versión de Mingus por Mingus se refiere a cuestiones relativas a la música o en donde se narran anécdotas referidas a músicos. El jazz aparece mucho menos que el ambiente de los "chulos". Sí hay, en cambio, una especie de jam session literaria en la que, a un ritmo enloquecido, se describe una jam session musical en el ejemplo más parecido a lo que Alejo Carpentier hizo más adelante para contar otra falsedad: la improvisación de un concerto grosso a cargo de Händel, Scarlatti, Vivaldi y un Señor de Indias acompañado de su esclavo en las maracas.
"¿Cuál va a ser, Mingus uno, dos o tres? ¿Cuál de ellos pensás que él querría que el mundo viera?", cantaba Joni Mitchel con la música de "Dios debe ser el hombre de la bolsa" en su homenaje a Mingus, jugando con esas primeras palabras de su autobiografía imaginaria. Compositor, director de big bands, continuación de Duke Ellington por otros medios, actor, contrabajista, aprendiz de chulo, pianista, escritor, maestro, filósofo, crítico, productor discográfico y poeta, Mingus había nacido en Nogales, un pueblo que a veces estaba en Arizona (y a veces en México), el 22 de abril de 1922. Joni Mitchel grababa su versión del "Mingus uno, dos o tres" en diciembre de 1978. Allí se oía, todavía, la voz de Mingus, mientras sus amigos y su mujer le cantaban el feliz cumpleaños. El 5 de enero de 1979, el contrabajista moría en México, a causa de una forma de esclerosis que le había sido diagnosticada el Día de Acción de Gracias de 1977. 

Dos sesiones de grabación, tal vez, sean el complemento perfecto para este libro en que el jazz dicta mucho más la forma (azarosa, por momentos acelerada y en ocasiones inmóvil, llena de caprichos y de inspiraciones) que el contenido.
En una, Mingus se aleja del contrabajo (instrumento que estudió con Herman Rheinshagen, integrante de la Filarmónica de Nueva York, después de haberse iniciado con el piano, el trombón y el cello) e improvisa, sin plan evidente –"en ese plan (en ese borrador) Dios debe ser el Hombre de la Bolsa", cantaba Mitchel– sobre un piano. El disco, grabado en 1963 y bautizado Mingus Plays Piano tiene un subtítulo elocuente: Spontaneous Compositions & Improvisations. La contención, la distancia dolorosa con la que aborda cada sonido, funcionan como correlato de la famosa "Reunión de oración del miércoles a la noche", incluida en el genial Blues & Roots (que junto con Ah Um, ambos de 1959, produjeron uno de los saltos cualitativos más importantes del género), donde a partir de una especie de gospel song –y de Ellington, claro– se dibuja el mapa (o uno de los tantos mapas) del jazz futuro.


sábado, 17 de mayo de 2014

Atención: se vienen los homenajes de la Big Band del Falla en la Usina del Arte

Big Band del Conservatorio Superior Manuel de Falla 

“Siete conciertos, siete homenajes”


Director Orquesta: Valentín Reiners
Coordinador General Carrera de Jazz: Ernesto Jodos
Viernes 23 de mayo, 20h – Sala de Cámara
Entrada Gratuita

La Usina del Arte, espacio dependiente del Ministerio de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires, continúa con el ciclo dedicado a las Orquestas de la ciudad. En esta oportunidad, será el debut de la Big Band del Conservatorio Superior Manuel de Falla, bajo la dirección de Valentín Reiners, que presentará un programa dedicado a Charles Mingus.


 
 La big band es la formación más grande dentro del jazz, de alrededor de 17 músicos, es además conocida como Orquesta de Jazz. Este formato está presente a lo largo de toda la historia, desde las orquestas de baile de los años 20 hasta los ensambles contemporáneos, por lo que se cuenta en la actualidad con un vasto y variado repertorio.
Gracias a este orgánico los compositores han podido ampliar su vocabulario estilístico y por otro lado el jazz amplio sus horizontes a través de este formato.
 
Atendiendo a la necesidad de contar con una Big Band, como una importante herramienta pedagógica y como campo de estudio de diferentes espacios curriculares se formó, a comienzos de 2007, la Big Band de Conservatorio Superior Manuel de Falla (integrada por alumnos de la Carrera de Jazz que coordina Ernesto Jodos), dirigida por el profesor Valentin Reiners. Durante este tiempo se ha venido realizando un trabajo de estudio de diferentes estilos característicos de esta formación donde autores como Count Basie, Neal Hefti, Sammy Nestico, Duke Ellington y Charles Mingus son inevitables dentro de este proceso de formación.
 
La orquesta desde su formación a la fecha ha participado de distintos ciclo de conciertos, entre los que se pueden destacar su participación en el proyecto “Club de Jazz”, el cual promovía el jazz en diferentes espacios, con actuaciones en clubes como GEBA, Velez Sarfield, Club Ciudad y Club Amigos. También participó en las ediciones 2008 del Bafim y del Festival Internacional de Jazz de Buenos Aires y otras actuaciones relevantes como el Museo Renault y el Colegio Nacional Buenos Aires.
 
Tambien ha realizado conciertos en los cuales ha tenido compositores nacionales invitados como Juan Cruz de Urquiza, Nicolas Guerschberg y Juan Pablo Arredondo.
 
Desde del 2008 participa en el Festival Internacional de Jazz de Buenos Aires dentro de las Comisiones Especiales, dentro del cual recibe grandes compositores de talla internacional en carácter de residentes, entre los que se pueden destacar Charles Tolliver, John Hollenbeck y Tim Berne.
 
Integrantes:
Emmanuel Garcia: Saxo Alto - Paula Garcia: Saxo Alto - Mauro Ostinelli: Saxo Tenor - Facundo Torella: Saxo Tenor - Liana Catalano: Saxo Baritono - Agustin Zuanigh: Trompeta - Facundo Maddio: Trompeta - Esteban Saccone: Trombón - Lautaro Schachmann: Trombón - Moises Quiroz Gomez: Trombón - Franco Espindola: Trombón - Tomas Horovitz: Guitarra - Pia Hernandez: Piano - Santiago Lamisovsky: Contrabajo - Alejandro Stessens: Batería
 
Director: Valentín Reiners
Coordinador Gral. Carrera de Jazz: Ernesto Jodos
 
Este año La Big Band del Conservatorio Manuel de Falla tiene programados 7 conciertos temáticos en la Usina de Arte:
 
Charles Mingus - viernes 23 de mayo 
Duke Ellington - viernes 27 de junio  
Bob Brookmeyer-Thad Jones - viernes 18 de julio
Count Basie- Sammy Nestico - viernes 29 de agosto
Gil Evans - Fred Strum - viernes 26 de septiembre
María Schneider - viernes 24 de octubre
Kenny Wheller - viernes 14 de noviembre
 
Repertorio Concierto Viernes 23 de mayo en Usina del Arte.
Música de Charles Mingus
 
Boogie Stop Shuffle (Charles Mingus)
Sue´s Changes (Charles Mingus)
Work Song (Charles Mingus)
Moanin (Charles Mingus)
Duke Ellington Sound Of Love (Charles Mingus)
Fables of Faubus (Charles Mingus)
Haitian Fight Song (Charles Mingus)
Boogie Stop Shuffle (Charles Mingus)
 
 
Usina del Arte 
Caffarena 1, esq. Av. Pedro de Mendoza.
Entrada gratuita hasta agotar la capacidad de la sala. 
www.usinadelarte.org 


jueves, 15 de mayo de 2014

Tres novedades discográficas para tener en cuenta

Mientras esperamos que pase la sequía, como para ir entonándonos, aquí van tres reseñas de Jonio González, publicadas en Cuadernos de Jazz, sobre discos relativamente recientes.

GREGORY TARDY
HOPE
Gregory Tardy (st), Helen Sung (p), Sean Conly (b), Jaimeo Brown (bat)
Mayo de 2012
SteepleChase SCCD 31775

Discípulo de Bobby Watson, con un dinamismo más atemperado, y Joe Henderson, por su concepción del desarrollo melódico, y en la estela de Warne Marsh aunque dueño de una acidez y robustez propias, Gregory Tardy (que iba para clarinetista de música clásica hasta que escuchó a Coltrane), es otro gran animador de la escena neoyorquina. Con once discos a su nombre y colaborador de artistas del nivel de Andrew Hill (con quien grabó Dusk y Time Lines, en 2001 y 2006 respectivamente, ambos mejor disco del año para DownBeat), Dave Douglas, Steve Coleman, Dewey Redman, Chris Potter, Joe Lovano, Mark Turner y un largo etcétera de similar nivel y heterogeneidad, Tardy, que nació en Nueva Orleans (detalle a tener en cuenta), comenzó en orquestas de r&b y funk, fue protégé de Ellis Marsalis y miembro de la Jazz Machine de Elvin Jones, hecho fundamental, según él mismo, en su evolución como músico, pues le hizo ganar en seguridad y potencia.

Con sonido mate, duro sin reciedumbres innecesarias y en el límite mismo de la aspereza en ocasiones, ofrece aquí una obra en torno a la espiritualidad inspirada, según el mismo Tardy, por los Sacred Concertsde Ellington, A Love Supreme de Coltrane, Black Christ of the Andes de Mary Lou Williams y la ayleriana idea de que la música es “la fuerza curativa del universo”. Casi nada. Evidentemente, Hope no consigue ni acercarse a semejantes modelos, y sin embargo es un disco que suscita varias escuchas, sencillamente por la belleza que encierra. Una belleza con momentos destacables, como la balada “That's All”, donde Tardy opta por la ternura en lugar de hacerlo por la sensualidad, los dos himnos tradicionales, profundamente emotivos, o los temas de su autoría, en especial “A Tree and It's Fruit” y “Every Life Is Precious”, en los que cierta exaltación espiritual, en un sentido místico, si se quiere, se combina con ungroove palpitante.

Mención aparte merece Helen Sung. Si ya en su (re)conception (SteepleChase SCCD 31708) nos había sorprendido por su ductilidad rítmica y su sonido punzante, aquí vuelve a revelarse como una pianista con una técnica y un sentido del tiempo extraordinarios, capaz de insuflar calma al vigor y viceversa. Para seguirla.

RICH PERRY
NOCTURNE
Rich Perry (st), Nate Radley (g), John Hebert (b), Jeff Hirshfield (bat)
Febrero de 2013
SteepleChase SCCD 31776

Rich Perry es sin duda uno de los grandes nombres del saxo tenor actual, al menos en el ámbito jazzístico de Nueva York. Miembro destacado de la orquesta de Maria Schneider y antiguo integrante de la de Thad Jones y Mel Lewis, a lo largo de su carrera colaboró y grabó con artistas de la talla de Joe Henderson, Lee Konitz, Paul Bley, Chet Baker o Fred Hersch. En éste, su vigésimo primer disco para SteepleChase, opta de nuevo por su formación al parecer favorita, el cuarteto, pero por una vez renuncia al piano (que es como decir a su habitual compañero Harold Danko) en favor de la guitarra de Nate Radley. El resultado es una música cerebral y a la vez lírica, un sonido intenso y claro, menos elocuente (para emplear conceptos que varios críticos le atribuyen) que imaginativo, tributario de Warne Marsh aunque con inflexiones que recuerdan a Rollins.

En este  sentido, resulta emblemática su versión de “Cherokee”, concebida como balada y en la que la melodía busca su forma para encontrarla casi al final de sus casi siete minutos y medio de duración. Magistral relectura del clásico de Ray Noble que inmortalizara Charlie Parker, con un sorprendente Radley, dueño de un sonido que recuerda a Jim Hall, clásico en su limpidez. A destacar asimismo las serenas exploraciones de “Old Folks”, la tensión de “Never Let Me Go”, con la urgencia de un Hirshfield (extraordinario durante toda la sesión) que dobla el tiempo, un Radley que intenta retenerlo y un Perry que parece surfear sobre la melodía, el swing de “I've Never Been in Love Before” o la complejidad armónica, y el citado recuerdo de Rollins, de “Little Suede Shoes”. Para disfrutarlo.

GENE AMMONS-ART FARMER ALL STARS 
THE COMPLETE JAM SESSIONS 

Gene Ammons (st), Art Farmer (tp), Lou Donaldson (sa), Freddie Redd (p), Addison Farmer (b), Kenny Clarke (bat), Jackie McLean (sa), Duke Jordan (p), Art Taylor (bat), Cándido Camero (congas), Donald Byrd (tp), Mal Waldron (p), Doug Watkins (b), Kenny Burrell (g)
Hackensack, Nueva Jersey, junio de 1955, abril y julio de 1956, enero de 1957
American Jazz Classics 99076

Hay matrimonios que en principio parecen, como mínimo, complicados. Para quien esto escribe, el de Ammons y Farmer debería haberlo sido, por la reciedumbre y el grano a veces áspero del sonido del primero, por su dramatismo a menudo excesivamente patético, tan distinto de la fluidez y refinamiento del segundo, de su controlada tenuidad. Y sin embargo...

Como nos recuerda el detallado cuadernillo informativo de la presente edición, a mediados de los cincuenta el sello Prestige decidió grabar una serie de jams que tenían como protagonista a Gene Ammons al frente de distintas formaciones de jóvenes y no tan jóvenes promesas. El fruto fueron cuatro discos: Gene Ammons All Stars (LP7050), del que aquí sólo se seleccionan los temas en que interviene Farmer; Gene Ammons Hi Fidelity Jam Session-The Happy Blues (LP7039); Hi Fi Jam Session-Jammin' with Gene(LP7060) y Gene Ammons Hi Fi Jam Session-Funky (LP7083), todos ellos producidos por Bob Weinstock y con Rudy Van Gelder como responsable del sonido, y en los cuatro con Ammons como jefe de filas y Art Farmer a la trompeta, en lo que sería la única colaboración en la carrera de ambos. (El saxofonista todavía grabaría otras jams, como Jammin' in Hi Fi with Gene Ammons, LP 7201, 1957, con Idrees Sulieman en lugar de Farmer más Jackie McLean, Mal Waldron, Kenny Burrell, etc., y Gene Ammons and His All Stars-Groove Blues, LP7110, 1958, con John Coltrane, Pepper Adams, Mal Waldron y Jerome Richardson entre otros, sesión que aun daría forma a The Big Sound, LP7132).

Ammons demuestra en todos los casos ser algo más que pura energía impregnada de blues y rhythm and blues, exhibiendo en las baladas una profunda expresividad lírica y un ponderado sentido de la melodía que casan a la perfección con la elegante gravedad de Farmer y su sentido del equilibrio.  Junto a ellos, un Jackie McLean en plena forma se expresa tan relajadamente en los tiempos lentos como vigoroso y hasta expeditivo cuando de encarar el groove se trata, mientras que Duke Jordan, Freddie Redd y Mal Waldron  parecen haberse puesto de acuerdo en eludir cualquier floritura y, sin perder por ello espontaneidad, concentrarse en su tarea de apoyo. Aparte de esto, muchos son los momentos a destacar en este doble cedé, como el demoledor unísono de “Woofin' and Tweetin'”, el ímpetu funky de Lou Donaldson en “Juggernaut” o el swing implacable de Donald Byrd en “We'll Be Together Again”. Pura naturalidad, en definitiva, como se espera de una jam session en la que un puñado de consumados maestros se reúnen para pasárselo bien. Así de simple, y así de memorable.

sábado, 10 de mayo de 2014

Los músicos recomiendan (1): hoy, Barbie Martínez y Jimmy Scott.

Hacía rato que el blog de Minton’s quería inaugurar una sección en la que los músicos recomendaran sus discos favoritos, justificando por qué. Le tocó empezar a Barbie Martínez, que eligió  Falling in love is wonderful  de Jimmy Scott. Habrá más, tanto de ella como de otros amigos.

“Uno de esos discos que no olvidaría jamás”

En el jazz vocal existen, afortunadamente, infinidad de discos muy recomendables, por eso es tan difícil la tarea de elegir uno. Por eso me decidí por el disco que más me impactó emocionalmente en los últimos tiempos: Falling in love is wonderful (1962)., de Jimmy Scott

En cuanto lo oí, supe que era uno de esos discos que no olvidaría jamás, y me pasé los siguientes seis meses escuchándolo a toda hora y en todo momento, absorbiendo todo lo que Jimmy entrega, que es música en estado puro porque es un artista que no se guarda nada. Todos los temas son interpretados con un sentimiento, una calidez, una honestidad y una entrega que no se escucha usualmente y que denotan mucha experiencia de vida y la necesidad de compartir y sublimar todo lo vivido a través de la música y el arte. Se dice que hasta el mismo Jimmy Scott dijo que era el mejor álbum que había grabado en su carrera.

No es casual que el documental If you only knew empiece con Jimmy diciendo: “Intento de hacer canciones que reflejen pensamientos acerca de la vida. Pensamientos con los que vivimos cada día; las historias de amor, y todo eso. Pero para mí la letra tiene que significar algo, sabés? La letra tiene que estar contando una historia”.

Las emocionantes interpretaciones de Jimmy son acompañadas maravillosamente por los arreglos de los geniales Gerald Wilson y Marty Palch, que crean una música absolutamente conmovedora. Jimmy tiene al mensaje como eje, sin pretensiones, variando pocas notas de las melodías, pero al mismo tiempo con un uso tan magistral del espacio que uno siente que la música respira para después seguir siendo intensa, y así tener el balance perfecto entre la relajación y la intensidad. El disco es, también, una muestra de buen gusto, elegancia, refinamiento y romanticismo.

Si bien es un disco de baladas, me hubiera gustado escuchar temas en otros tempos. De todas maneras la exquisitez del disco justifica la elección del maravilloso repertorio de baladas, entre las cuales le encantaron especialmente “If I should lose you”, “I’m getting sentimental over you” y “Sunday, monday or always”.
               
Cuenta la historia que Jimmy Scott era de los cantantes preferidos de Ray Charles, y es por esa razón este último es el supervisor musical y pianista del disco. Originalmente Falling in love is wonderful se editó a través del sello Tangerine Records, de Ray Charles, pero fue sacado de circulación menos de un mes después debido a que Herman Lubinsky, de Savoy, sostenía que Jimmy seguía teniendo contrato con su sello. Afortunadamente, este disco fue reeditado en 2003 por Rhino Records.
               
Si todavía no tienen lo tienen, agréguenlo a su discoteca y van a experimentar un viaje musical único, ideal para un momento reflexivo, o romántico, o simplemente para relajarse y disfrutar con la maestría de uno de los más grandes cantantes de la historia del jazz. 


miércoles, 23 de abril de 2014

Francisco Salgado y Asociados presentan su nuevo disco




9 de Mayo Thelonious Club (Salguero 1884) Trasnoche.

7 de Junio Onyx Club (Pueyrredón 2476) Trasnoche

17 de Junio Jam de Martes (Ladran Sancho)

5 de Julio Onyx Club (Pueyrredón 2476) Trasnoche

25 de Julio Virasoro Bar (Guatemala 4328) Trasnoche


Y aquí va un adelanto:

martes, 15 de abril de 2014

González se pone el saquito, dice "oi oi oi" y escribe sobre jazz judío


Josef (Yossele) Rosenblatt
Ya se sabe que Jonio González se dedica a temas que, para llamar de algún modo, podemos calificar de ”diferentes”. En este caso, considerando la celebración de Peisaj (la Pascua judía), rescatamos de Cuadernos de Jazz una nota firmada por nuestro corresponsal en Catalunya sobre, precisamente, “jazz judío”.

Berman, Manne, Gibbs

Cuenta la leyenda, o contaba hasta que en 2006 su protagonista reveló los pormenores de la misma a Ben Ratcliff en una entrevista concedida para el New York Times, que cierto día, en Chicago, Ornette Coleman vio la luz (o al menos cierta luz, cuando cabría pensar que ya las había visto todas). Fue hacia 1986, cuando tras una actuación con su cuarteto de entonces (con Cherry, Haden y Higgins) en el Jazz Lounge del hotel Shuterland de dicha ciudad el sobrino del director de aquél, el poeta Don Schatz (cuyo nombre Ornette no menciona), invitó al grupo a la casa de sus padres.

(Según puede leerse en la página oficial del Jazz Institute of Chicago en un artículo firmado por Stan Katz, que recoge el testimonio de la hermana de Schatz, lo anterior ocurrió, en realidad, hacia 1959, época, por otra parte, en que los miembros del cuarteto eran los mismos). Allí, en un aparte, Don le hizo escuchar un disco de Josef (Yossele) Rosenblatt, cantor de sinagoga nacido en Ucrania y emigrado a Nueva York en 1911. Ornette se echó a llorar como un niño, según sus propias palabras. Aquel hombre rezaba, gritaba, hacía pausas inesperadas que daban paso a falsetos vertiginosos, lloraba y, al mismo tiempo, cantaba “notas imposibles”, no ponía el acento en la melodía sino en "otra cosa", en algo desgarrador, puramente espiritual. Como en febrero de 2002 Nat Hentoff escribió en JazzTimes, tuvo la misma reacción que quienes escucharon Free Jazz por vez primera: “Un sonido intensamente humano”.

Tiempo después, cuando a mediados de los años noventa del siglo pasado John Zorn decide llevar adelante su proyecto Masada (que ya ha producido más de cincuenta discos), se inspira en Ornette Coleman para formar su cuarteto, integrado por Dave Douglas, Greg Cohen, Joey Baron y él mismo en saxo alto. Con su combinación de klezmer, punk, música de cámara y free jazz, se trata de la punta de lanza de un movimiento, el de la Radical Jewish Culture, que pretendía poner en cuestión no sólo ciertas primacías musicales, reinventándolas, sino los circuitos de expresión y difusión. Una de las consecuencias del movimiento fue el sello Tzadik, también fundado por Zorn, cuyo catálogo atesora gemas de artistas como Steven Bernstein, Frank London, David Krakauer, Aaron Alexander o Jenny Scheinman, y aun el que músicos ajenos en principio a la tradición judía generaran obras inspiradas por ésta, como Plays the Music of Mickey Katz, de Don Byron (anatiguo clarinetista, por cierto, de la Klezmer Conservatory Band), o A Thousand Evengins, de Dave Douglas, quien dedica una pieza, The Branches, a uno de los próceres de la yiddish music, Dave Tarras. (Respecto de Tarras y la relación entre klezmer y jazz, invito al lector a escuchar el festivo Freilach in HiFi, a nombre del Murray Lehrer Ensemble, y a prestar especial atención a la trompeta de Lou Levin al comienzo de Bublitchki).

Pero mucho antes de la vasta y radical propuesta de Zorn, antes incluso de la iluminación de Ornette Coleman (cuando quiera que ésta fuese), aproximadamente para las fechas en que Henry Ford advertía contra ese "imbécil y sensual jazz judío" que corrompía a la juventud, la música del este de Europa, y en especial la de los judíos, se colaba en el melting pot en que venía cociéndose el jazz, encontraba en Harry Kendal a uno de los primeros que maridaron jazz y klezmer, se filtraba en el Tin Pan Alley de la mano de creadores como Jerome Kern, Irving Berlin (que de niño había integrado el coro de la sinagoga en que su padre era rabino y que compuso numerosos temas de inspiración claramente yiddish), Harold Arlen (cuyo progenitor era chazzan, es decir cantor, de sinagoga) o George Gershwin, cuyas raíces musicales hebreas (por hablar sólo de ellas), reconocibles ya en el comienzo mismo de su emblemática Rhapsody in Blue, tan bien sabría explorar con los años Giora Feidman. También lo haría merced a figuras del swing como Artie Shaw (Abraham Arshawsky) o Benny Goodman, e incluso a impensados como Willie “The Lion” Smith (William Bertholoff), que acabaría como cantor en una singagoga de Harlem. Toda esta tradición específicamente yiddish más o menos oculta, que afloraba por ejemplo cuando la trompeta de Ziggy Elman atacaba las notas de And the Angel Sing, de Goodman, o este mismo interpretaba Shirt Tail Stomp, cristalizaría en tres álbumes en los que sería simple excusa, objeto de búsqueda o materia de homenaje musical. Nos referimos a Beautiful Jewish Music, de Sonny Berman, My Son the Jazz Drummer (relanzado en 2004 por Contemporary como Steps to the Desert), de Shelly Manne, y Jewish Melodies in Jazztime, de Terry Gibbs.

Nacido en 1925 y muerto de sobredosis de heroína veintiún años más tarde tras una jam session que duró toda una noche, Berman acompañó en incontables giras a comediantes judíos como Irv Lewis y Sam Marowitz y formó parte de orquestas como las de Harry James, Benny Goodman y Woody Herman, a cuya formación se unió con sólo diecinueve años y quien confió lo bastante en él para concederle sendos solos en temas como Let it Snow, Let it Snow, Let it Snow o Your Father Moustache. Bopper entusiasta, el 24 de enero de 1946 convocó, en el domicilio particular del productor Jerry Newman, a Al Cohn, Serge Chaloff y Ralph Burns, entre otros, para grabar, en el contexto propio de una jam, cuatro piezas del propio jefe de filas:Woodchopper's Holiday, Sonny's Blues, Sonny Speaks out y BMT Face (también conocidas, respectivamente, como Down with Up, Ciretose, Hoggimous Higgamous y The Slumbering Giant). En todas ellas Berman da muestras de un sonido intenso y un punto atormentado en un contexto en el que la música tradicional judía es alusión y recuerdo. Las grabaciones no aparecerían en forma de disco hasta 1973.

Distinto es el caso de Shelly Manne (cuyo disco, producido por Lester Koenig, lleva por subtítulo “modern jazz versions of favorite jewish and israeli songs”), que al homenaje y la reivindicación de sus raíces une la indagación musical. Con arreglos de Victor Feldman, Teddy Edwards y Lennie Niehaus, se trata de una síntesis por momentos perfecta donde tienen cabida la referencia brasileña en Zamar Nodad, el tratamiento modal de Hava Nagila, la atmósfera bluesie de Bei Mir Bist Du Schoen, la lectura baladística del melancólico My Yiddishe Momme, con un gran Teddy Edwards, la levedad de Yossel, Yossel, donde la trompeta asordinada de Shorty Rogers y la guitarra acústica de Al Viola crean una atmósfera lánguida y brumosa, o una versión de Tzena que tiene el sabor de un clásico del hard bop de siempre, todo ello con el añadido de una compenetración modélica entre los miembros del grupo, con un énfasis particular en las intervenciones de Budwig y Viola. A pesar de las avaras tres estrellas que en mayo de 1963 Don DeMichael le otorgó en DownBeat, un gran disco que lamentablemente nunca llegó a tener la segunda parte que Koenig promete al final de las liner notes.

Por fin, llegamos al disco de Gibbs, quizá el más extraño de los tres, pues más que fusión propone un encuentro entre un cuarteto de jazz y otro de klezmer que interactuasen sin interferir en el discurso del otro. De hecho, el de klezmer abriría y cerraría los temas, mientras que el de jazz improvisaría en el medio, con alternancias en los solos. Gibbs, cuyo padre, Abe Gubenko, había sido director de la Radio Novelty Orchestra, especializada en música yiddish, fue con la propuesta al vicepresidente por entonces de la Mercury, Quincy Jones, quien se entusiasmó hasta el punto de proponerse para producir la sesión (a la que se presentaría tocado con un yarmulke). De la partida serían, por una parte, el cuarteto del propio vibrafonista, entre cuyos miembros se encontraba una tal Alice McLeod, acreditada indistintamente en el disco como Alice Hagood y Alice McCord, que con el tiempo sería conocida como Alice Coltrane y que a la sazón entraría por primera vez en un estudio de grabación. El partenairesería el propio hermano de Gibbs, Sol Gage, continuador de la obra del padre de ambos, secundado entre otros por el clarinetista Ramon “Ray” Musiker, hermano menor del famoso, y también clarinetista, Sam Musiker (con quien Les Davis lo confunde en las notas de contraportada), que a pesar de su juventud ya había tocado y grabado con éste y con Dave Tarras (óigase Tanz!, de 1955, y sus aproximaciones al jazz). El efecto es verdaderamente extraño. Como bien señaló en su día Don Nelson en las páginas de DownBeat, el contraste entre el sonido moderno del cuarteto de Gibbs (especialmente de su pianista, añadimos) y el más bien dixieland de Musiker y Sam Kutcher desorienta al principio; sin embargo, es tal la dinámica del álbum en su conjunto, tales las confluencias que se potencian con la aparente disparidad de discursos (aun cuando a veces el proyecto semeje un mero collage), tal la energía festiva de una formación y el swing de la otra, que uno no puede dejar de pensar en los procesos que llevaron a lo largo de la historia del jazz, y especialmente en sus albores, a que esta música sea lo que es, y a afirmarse en la certeza de que fueran cuales fueran las tradiciones, todas venían a abrevar en una misma fuente, la de la libertad.

Sonny Berman 
Beautiful Jewish Music 
Sonny Berman (tp), Irvin “Marky” Markowitz (tp), Al Cohn (st), Serge Chaloff (sb), Earl Swope (tb), Ralph Burns (p), 
Eddie Safranski (b), Don Lamond (bat) 
Nueva York, 24 de enero de 1946 
Onyx ORI 211 
(Lanzado en 1973 y reeditado en 2004 por Cool & Blue como Woodchopper's Holiday 1946, C&B 111)  

Shelly Manne 
My Son the Jazz Drummer 
Shelly Manne (bat), Shorty Rogers (tp y fisc), Tedy Edwards (st), Victo Feldman (p), Al Viola (g), Monty Budwig (bat) 
Los Ángeles, 17-20 de diciembre de 1962 
Contemporary 7609 
(Relanzado en 2004 como Steps to the Desert, CCD-7609-2)

Terry Gibbs
Jewish Melodies in Jazztime
Terry Gibbs (vib), Herman Wright (b), Bobby Pike (bat), Sol Gage (bat), Alice McLeod (p), Alan Logan (p),
Sam Kutcher (tb), Ramon “Ray” Musiker (cl) 
Nueva York, 11 y 12 de enero de 1963
Mercury SR 60812

sábado, 12 de abril de 2014

Paula Shocrón empieza un ciclo de cuatro presentaciones en el Club Onyx

Hoy, 12 de abril, comienza un ciclo de presentaciones le Paula Shocrón, con invitados, lo cual motivó la siguiente nota de Diego Fischerman, en Página 12.

Nuevos rumbos para una gran pianista

Podría tratarse, tan solo, de una de las mejores pianistas del jazz argentino actual. No estaría nada mal que Paula Shocron fuera, únicamente, la que grabó un par de discos excepcionales, sola y en trío, dedicados a sus relecturas de eso que el jazz llama “standards” (ni más ni menos que su enciclopedia) para el sello Rivorecords. O la que publicó un luminoso homenaje a Andrew Hill en Sony. O quien formó un gran ensamble, estimulada por el gran saxofonista Oliver Lake, y está por publicar un disco registrado en Villa Ocampo, en la casa que fue de Victoria y en el piano que, entre otros, tocó Igor Stravinsky cuando visitó la Argentina. O aquella música jovencísima que grabó, hace casi diez años, el fundante La voz que te lleva, para el sello rosarino BlueArt. Pero, en rigor, el secreto es que es todas ellas. Sobre todo, alguien que no se conforma y que, permanentemente, busca nuevos rumbos.

“El camino no se elige; lo va eligiendo a uno”, dice la pianista a Página/12, en las puertas de un nuevo proyecto, en el que junto a una bailarina, eventuales artistas de otras disciplinas y con diversos formatos instrumentales, se plantea la creación a partir de la improvisación más rigurosa. “Uno se va encontrando con cosas que van llevando hacia un lugar antes impensado. Y diría que si hay un motor para lo que hago no se trata de algo muy meditado de antemano sino, más bien, con una sensación y una especie de regla que me impuse: no quedarme con las ganas. Una vez que se me ocurre algo, busco la manera de hacerlo.” Este nuevo emprendimiento, que hoy a las 19 comenzará en el club Onyx –uno de los nuevos y recomendables lugares para escuchar jazz en Buenos Aires, en Pueyrredón 2476– fue bautizado como Proyecto Imuda (Improvisadores en Música y Danza) y el ciclo se extenderá a 4 encuentros quincenales.

Laura Monge y Paula Shocrón
Shocron estará allí junto a la bailarina y coreógrafa Laura Monge, coautora de la idea, y, en esta primera fecha, serán parte de la aventura Pablo Moser en saxo tenor y Pablo Díaz en batería. El sábado 26 quienes completarán el grupo serán Florencia Otero, como cantante y en la lectura de textos, el contrabajista Germán Lamonega y Nicolás Politzer en batería. El 10 de mayo, con Shocron, Monge y Díaz, habrá tres contrabajistas, Lamonega, Juan Bayón y Maximiliano Kirszner. Y el 24 de ese mes se sumará otra bailarina, Manon Cotte, y el piano sonará junto con una pequeña banda de bronces: Enrique Norris en corneta, Moser en saxo soprano, Miguel Crozzoli en saxo tenor y Francisco Salgado en trombón.

Shocron cree que el hecho de haber elegido el jazz y, obviamente, de ser argentina, tiene que ver con que su aprendizaje no haya sido ordenado o no haya seguido un firme recorrido cronológico. “Las oportunidades son las que van haciendo que se despierten intereses y, también, que se vayan saldando deudas. El proyecto de estos últimos años, alrededor de los standards, tuvo que ver con eso. Es posible que sin Rivorecords y sin la idea de Justo Loprete, que es quien lo creó y lo lleva adelante, yo no hubiera hecho esto. Pero ahora que lo hice, me parece inevitable.”