jueves, 22 de agosto de 2013

Una opinión después del concierto de Herbie Hancock en Buenos Aires

Luego de entrevistarlo, Jorge Fondebrider presenció el concierto de Herbie Hancock en el Gran Rex, el lunes 19 de agosto pasado. El miércoles leyó lo que los colegas escribieron en otros diarios y, después de pensarlo un poco, decidió opinar al respecto.

Un concierto aburrido y predecible

"Ya no pienso en el jazz, tal vez porque lo toqué demasiados años", le dijo Herbie Hancock a Federico Monjeau cuando éste lo entrevisto para Clarín hace un par de años, con motivo de la edición de The Imagine Project. Y continuaba: " Tengo una visión más amplia de la música, y en esa visión también está lo que la música puede significar en términos humanos. Siempre digo que tengo un largo un entrenamiento en el jazz, y este entrenamiento me ha dado la libertad y el atrevimiento de explorar nuevos mundos". 

El error, pienso ahora, es no haber reparado oportunamente en esas palabras. Tal vez tendría que haberlas tomado más en cuenta a la hora de ir a uno de los shows realizados en el Gran Rex el 19 de agosto pasado. Porque, a pesar de los buenos músicos que formaban parte del cuarteto (ver entrevista en la entrada previa) y de los muchos blasones que cada uno de ellos tenía para exhibir, y a pesar de los muchos ditirambos de la crítica local, con sus inmoderados EXCELENTE y sus puntuaciones de 10, no hubo ni jazz ni matices. Sí, en cambio, una relectura un tanto ramplona y condescendiente  de una parte de la propia historia de Hancock, acaso la menos interesante. Me refiero a la vinculada con  la época de su banda de fusión, los Headhunters, pero sin la urgencia que tal vez alguna vez tuvo ese grupo. Lo que se oyó fue una versión más vieja de una música que envejeció mal, o, en todo caso, peor que otras variedades de música improvisada previas a los años setenta. En síntesis, una música pasteurizada, carente de riesgo y de humor, y de muy baja intensidad. 

Entonces, si a la luz de este concierto uno piensa en las otras veces en que Hancock vino a la Argentina –la primera con el tributo a Miles Davis, con los integrantes del segundo quinteto y Wallace Roney como trompestita; la segunda, con el soporifero dúo que armó con Wayne Shorter; la tercera, con sus estudiantes en el Teatro San Martín– o en los últimos discos que grabó –entre otros, The Imagine Project–, no queda otro remedio que pensar que a) nos está debiendo unos cuantos pesos por las varias veces que nos defraudó, o b) somos sumamente ingenuos al pensar que sigue brillando una  estrella que se apagó hace ya mucho tiempo. Y si bien está claro que todos tenemos que vivir, no tenemos por qué envejecer todos juntos.


sábado, 10 de agosto de 2013

Herbie Hancock en Montevideo

La siguiente entrevista entre Jorge Fondebrider y Herbie Hancock fue publicada el 9 de agosto pasado en las páginas de El Cultural, suplemento de cultura del diario El País, de Uruguay.

El embajador del jazz

Niño prodigio en su ciudad natal, donde, en 1951, a los once años, ya era solista con la Chicago Symphony Orchestra, interpretando el “Concierto en Re Mayor”, de Mozart, y el “Concierto Brandeburgués Nº 2”, de Bach, Herbie Hancock (1940) es hoy una de las grandes estrellas internacionales del firmamento del jazz y toca hoy en Montevideo.

“Herbie venía a estar como un paso más allá de Bud Powell y de Thelonious Monk, y todavía hoy no he oído a nadie que lo sobrepase”. En esos términos se refería Miles Davis en su autobiografía a quien, entre 1962 y 1967 fuera el pianista de su segundo gran quinteto. Ese lapso además coincide con su primera etapa en el sello Blue Note, donde grabó como líder algunos de sus mejores álbumes, participando además en muchísimas grabaciones: integrando los grupos de los trompetistas Donald Byrd y Lee Morgan, con los saxofonistas Pepper Adams, Stan Getz, Sonny Rollins, Jimmy Heath, Wayne Shorter y Stanley Turrentine, con los guitarristas Grant Green, West Montgomery y George Benson, con el vibrafonista Bobby Hutcherson, con el baterista Tony Williams. Todo eso y la exposición que le permite el quinteto de Davis contribuyen para que, hacia 1967, Michelangelo Antonioni le encargara la composición de la banda sonora de Blow Up, la película con David Hemmings y Vanesa Redgrave, inspirada en el cuento “Las babas del diablo”, de Julio Cortázar.

Para entonces, Miles Davis mediante, el jazz comienza a electrificarse y otro tanto sucede con los miembros de sus grupos. De ese semillero surgen entonces Weather Report (de Wayne Shorter y Joe Zawinul), Return To Forever (de Chick Corea), Lifetime (de Tony Williams), Mahavishun Orchestra (de John McLaughlin), Eleventh House (de Larry Corryell) y el jazz empieza a ser “jazz-rock” o también “fusión”. “Herbie –escribe Davis– era un maníaco de la electrónica y cuando salíamos de gira dedicaba un montón de tiempo a comprar artilugios.” El resultado de toda esa tecnología fueron, sin duda, los Headhunters, la banda electrónica de funk y rhythm & blues con la que en 1973 graba el disco homónimo que vende más de un millón de copias.

Así, para entonces, las líneas centrales de la carrera de Hancock ya están trazadas. El tiempo de este budista practicante se divide entre sus proyectos de jazz, sus incursiones en la música para el cine y la televisión, y los otros proyectos que oscilan entre lo estrictamente comercial y los gustos personales que quiere darse. En conjunto, todo eso hace de él uno de esos personajes de difícil ubicación en el mundo estricto y acotado del jazz a secas. Así, un día puede vérselo grabando con Joe Henderson, Mickel Brecker o Pat Metheny, y al día siguiente convocando a una plétora de grandes músicos –Dexter Gordon, Chet Baker, John McLaughlin, entre otros– para componer la banda sonora de Round Midnight, de Bertrand Tavernier –por la que en 1986 recibió un Oscar de la Academia–, sin omitir producciones comerciales como The Imagine Project, donde graba con cantantes pop de varios países en los respectivos idiomas de cada una de ellas. Probablemente, por todas esas razones, que tanta notoriedad le han dado, en 2011 la UNESCO, siguiendo una tradición ilustre, lo designó como embajador de buena voluntad de esa institución, para la que en 2012 presentó un proyecto que, aprobado por unanimidad, hace del 30 de abril el Día Internacional del Jazz. Sobre eso y otras cuestiones, conversó el Cultural, en vísperas de la presentación de Hancock en Montevideo.

 El jazz y nuestro futuro
 –Hace algo más de un año, en una entrevista publicada en el Correo de la Unesco, usted dijo que sentía que las raíces del jazz no se limitaban a África, sino a toda la humanidad. Y entre todos los posibles ejemplos que dio mencionó a Irlanda…
–¿Eso dije? ¿Irlanda?

–Así es.
–La verdad es que de todos los países que podría haber mencionado ahora no sé por qué se me ocurrió Irlanda. ¿Habrá sido por los músicos irlandeses de jazz? ¿Por alguna hipotética influencia céltica en el jazz? Bien podría haber dicho Inglaterra. O incluso las Islas Británicas…

–Quizás es mejor no hablar de las Islas Británicas en Irlanda…
–Sí, claro, tiene razón. Seguramente alguien se podría enojar mucho… Si mal no recuerdo, esa entrevista tuvo lugar cuando la UNESCO, a partir de un proyecto que presenté, decidió declarar el 30 de abril como Día Internacional del Jazz.

–Efectivamente, y este año esa iniciativa ya empezó a tomar cuerpo, a tal punto que en París y en Buenos Aires, entre muchas otras ciudades, hubo festejos y conciertos.
Tengo entendido que las actividades empezaron en Auckland, Nueva Zelanda y abarcaron 196 países. Ese día yo estaba en Estambul.

–¿Cuál es, en su opinión, la necesidad de tener un Día Internacional del Jazz?
Es una manera de llamar la atención sobre esa música, cuyos valores pueden ayudar a los jóvenes a ser mejores seres humanos.

–¿En qué sentido lo dice?
–Bueno, el jazz plantea vivir el momento. También, nos obliga a trabajar con otros, lo cual es asimismo una forma de aprender a respetar a los demás. Finalmente, a esta altura, constituye un lenguaje internacional que asociamos a la idea de libertad. E insisto, aunque tiene unos orígenes más o menos precisos, que podríamos situar en África o tal vez en los Estados Unidos, hoy es patrimonio de toda la humanidad.

–¿Y por qué cree que es así?
–Tal vez porque es música improvisada y eso ayuda a asociarla con la expresión. Cuando logra expresarse la experiencia es liberadora. En la UNESCO se ha estudiado el tema y ahora sabemos que, gracias al jazz, a los programas vinculados a la enseñanza de jazz, el nivel general de los estudiantes mejora notablemente en disciplinas como la matemática, la ciencia e incluso la literatura.

–Previamente a la aprobación de esa iniciativa, usted había sido designado embajador de buena voluntad por la UNESCO. ¿Cómo se siente con esa responsabilidad?
 Muy entusiasmado. A mi edad, me siento muy preocupado por el futuro. Y no necesariamente por el mío propio, sino por el de todos los seres humanos que viven en este planeta. Lo primero y principal es la paz. Necesitamos paz para poder ocuparnos de resolver los principales problemas que tenemos como especie: el calentamiento global, el agotamiento de las fuentes de energía, la producción de alimentos; en síntesis, todo lo que se relaciona con la supervivencia en el mundo, no sólo de los seres humanos, sino también de todas las formas vivientes. Está claro que lograr cualquiera de estas metas involucra a la gente de más de un país. No es la gente de un único país la que va a mitigar las consecuencias de, por ejemplo, el cambio climático. Esto es algo que debemos hacer conjuntamente.

–Sus expresiones de buena voluntad son notables, pero, ¿de qué manera podría un compositor y pianista de jazz ayudar a que se produjese el entendimiento necesario para lograr esos objetivos?
–Como le dije, la música une a la gente y, por lo tanto, es parte de ese proceso. Trasciende los límites que nos imponen las diferentes culturas. Podría decirle que, en lo personal, he tocado en todo el mundo, y una y otra vez he comprobado que en todas partes el jazz es una música que gusta.

–¿Y por qué cree que es así?
–Por su flexibilidad. El jazz está en todas partes justamente porque es capaz de reflejar el sabor y las características particulares de cada cultura. De ese modo, estoy seguro de que así como hay un jazz estadounidense, también hay un jazz irlandés y, claro, un jazz argentino y otro uruguayo. De hecho, si me apura, le diría que el jazz es una de las mejores formas que ha asumido la diplomacia cultural. Miré si no quiénes son los músicos de jazz que me precedieron como embajadores de buena voluntad…

–Louis Armstrong, Duke Ellington, Dizzy Gillespie…
–Exacto. Todos ellos han recorrido el mundo entero llevando la influencia de la cultura estadounidense, pero también trayendo de vuelta a casa las influencias de las culturas con las que se encontraron durante esos viajes. Así, de algún modo, todos nos hemos vuelto más ricos. Y eso ha sido evidente hasta el punto que incluso aquellos países con mayores conflictos con los Estados Unidos han querido ser parte de este Día Internacional del Jazz, porque han reconocido la belleza y la importancia de esta música.  

Componer canciones
El cuarteto con el que va a presentarse Hancock, tanto en Montevideo como en Buenos Aires, está compuesto por James Genus, Vinnie Colaiuta y Zakir Hussain. Genus (1966) es uno de los grandes contrabajistas del momento. Ha tocado con los veteranos Horace Silver, Roy Haynes, Nat Adderley, Benny Golson y Chick Corea, y con músicos de su propia generación, como Dave Douglas, Uri Caine y Branford Marsalis, entre muchos otros. Vinnie Colaiuta (1956), uno de los más importantes baterista de la actualidad, es un sesionista altamente requerido. Entre sus blasones figuran Frank Zappa (véanse, por ejemplo, Tinsel Town Rebellion y Joe’s Garage), Joni Mitchell, Megadeth, Sting, The Beach Boys, Leonard Cohen y Jeff Beck, y ya del lado del jazz, Chick Corea, Quincy Jones, Bluell Neidlinger y siguen las firmas. Sin embargo, los más intrigante del grupo es la presencia del célebre percusionista indio Zakir Hussain (1951), hijo del gran intérprete de tablas Alla Rhaka –compañero de Ravi Shankar– a quien se relaciona, en el terreno del jazz, con John McLaughlin o Jan Gabarek.

–El cuarteto con el que está viajando incluye músicos que, de antemano, despiertan entusiasmo entre el público.
–Hace ya cinco o seis años que trabajo con Vinnie Colaiuta y unos cuatro que James Genus está conmigo. Con Zakir Hussain toqué en algunas oportunidades –alguna vez en India, otra en el Hollywood Bowl–, pero nunca antes estuvimos de gira juntos. Lo conozco desde hace mucho y sé que es un gran músico por el que siento el mayor respeto. Una de las cosas que más me interesan en él es su inmensa flexibilidad. Eso es lo que estoy buscando todo el tiempo. Además, adoro el sonido de las tablas. Quiero ver de qué manera afectan a mi composición.

Zakir Hussain
–Dicho lo cual, ¿va a tocar su repertorio clásico en esta visita?
–Va a haber un poco de todo. Voy a recurrir a algunas composiciones de mi repertorio clásico sin que intervenga Zakir, y también a piezas rearregladas como para incluirlo. Por caso, estoy pensando en “Watermelon Man” o en “Canteloupe Island”, con tablas. No hay razón para que no pueda ser así.

Ya que ha mencionado “Watermelon Man”, recuerdo que hace un par de años, en Spectacle, el programa de entrevistas de Elvis Costello, usted comentó la forma en qué había compuesto ese tema, inspirándose en la forma de caminar del vendedor de sandías que visitaba su barrio en Chicago. Entonces, ¿siempre compone a partir de una imagen?
–Justamente, no. Ése fue un caso muy particular.  La mayoría de mis composiciones no comienzan de ese modo, sino con unos sonidos que voy trabajando hasta sacar de ellos lo que necesito.

–¿Cambió con los años su modo de componer?
–Digamos que no tengo una única forma de componer, aunque, por lo general, lo primero que se me presenta es una línea de bajo, pero también puede ser lo que oí en otro músico sin que obligatoriamente se trate de un músico de jazz. Ahora, mucho más que antes, cuando hago un disco pienso en términos de propósitos. Dicho de otro modo, ahora grabo proponiéndome un objetivo previo. Por ejemplo, mi próximo disco va a incluir exclusivamente a músicos muy jóvenes… De hecho, estoy trabajando con Flying Lotus, que es un músico y productor musical originario de Los Angeles
Es el sobrino nieto de la pianista y arpista Alice Coltrane.
–Y el primo de Ravi Coltrane.

Tocar canciones
 –Usted antes habló de componer en función de objetivos. Permítame entonces preguntarle cuánto de eso han tenido algunos de sus últimos proyectos. Por ejemplo, hacer un disco enteramente dedicado a Gershwin, u otro sobre la obra de Joni Mitchell, para no hablar del Imagine Project, con músicos de muchos países diferentes.
–Bueno, a mí siempre me gustó ver hasta dónde podía llegar, plantearme desafíos. Pero ahora, como le dije, se suma que pienso mi trabajo en término de objetivos. Ya no me limito a componer temas. Busco un significado que pueda proyectar en dirección a los demás y ésa ha sido mi meta en los casos que usted menciona.

–Le pongo la pregunta de otro modo: ¿qué buscaba cuando se propuso rehacer las canciones de Joni Mitchell, por ejemplo?
–En el principio, hubo una sugerencia de una ejecutiva que desde hace años está a cargo de Artistas y Repertorio en la compañía Verve. Ella sabía que Joni y yo somos amigos desde hace mucho. También, que yo siento por ella el mayor de los respetos como compositora y música. Me preguntó entonces por qué no consideraba hacer un disco de canciones de Joni, y a mí me pareció una idea excelente. Además, eso me daba la oportunidad de hacer algo que hasta entonces no había hecho: concentrarme exclusivamente en las palabras de las letras, en su significado. Es muy común que los músicos de jazz no les prestemos ninguna atención a las letras de las canciones. Yo sabía que me faltaba hacer esa experiencia por eso fui a donde creo que hoy en día uno va a encontrar el mayor grado de significación y belleza. Joni es una compositora extraordinaria y sus letras son una parte central de la composición. Vale decir, la música se genera en ella a partir del significado de sus letras y pensé que, para trabajar esa música, era central que me concentrara en las palabras. Las leí de todas las formas posibles. Las memoricé. A la hora de entrar al estudio de grabación, hice copias de las letras para todos los músicos y antes de empezar a grabar, les pedí que las leyéramos y las discutiéramos en forma conjunta en el cuarto de los ingenieros de grabación. Eso, ahora sé, tuvo una profunda influencia en la manera en que tocamos.

–En cierto sentido, ¿el proyecto sobre las canciones de Joni Mitchell no podría emparentarse con The New Standard, ese disco de 1996 que usted grabó tratando como standards a una serie de canciones provenientes del pop y del rock? Si mal no recuerdo, había allí temas de los Beatles, de Simon & Garfunkel, de Prince, de Nirvana…
–El nombre de ese disco es más una pregunta que una afirmación. Fue un intento de ampliar el posible repertorio del jazz tratando a canciones pop relativamente recientes de la misma manera en que se tocan los temas del jazz de los años treinta o cuarenta. ¿Por qué no podrían tener esa misma dignidad? Digamos que yo y los músicos que participaron en ese disco –Michael Brecker, John Scofield, Dave Holland, Jack DeJohnette, Don Alias– procedimos con esas canciones del mismo modo en que habríamos procedido con los standards históricos.

Otros músicos
Chris Anderson
–Usted tuvo palabras muy cariñosas para con Chris Anderson, uno de sus maestros y un pianista maravilloso que merecería tener mayor reconocimiento. ¿Qué puede decirnos de él?
–Fue, como dice usted, un pianista maravilloso, lleno de talento. Lo conocí en Chicago. No grabó muchos discos. Era ciego y además tenía la misma enfermedad que Michel Petrucciani. Se le rompían los huesos continuamente y de eso murió en 2008. Mucho antes había tocado con Charlie Parker y con Von Freeman. Cuando lo escuché, me quedé con la boca abierta: su manera de armonizar era asombrosa y me hizo llorar. De él aprendí muchísima armonía y cómo trabajar las canciones.

–¿Usted fue formalmente su alumno?
–En realidad, no. Pero él me permitía ir a su casa y verlo tocar. Yo le preguntaba cosas y él me contestaba. Pasó hace tanto tiempo…

–Ya que habla de hace mucho tiempo, ¿se acuerda de los discos que grabó con Milton Nascimento?
–Grabar con Milton fue fantástico. Wayne Shorter y Milton Nascimento trabajaron las canciones juntos. Fue un verdadero lujo. Para mí, haber contribuido en algo fue un gran honor.

–Para terminar, ¿está escuchando a algún pianista en particular en estos días?
Fundamentalmente, Robert Glasper. Tiene un talento sorprendente. Le pronostico un futuro brillante. Antes le mencioné a Flying Lotus, quien, de paso, tiene un bajista extraordinario que se llama Thunderclap. Creo que todos esos músicos están trayendo algo nuevo al jazz, un soplo fresco de novedad que, entiendo, proviene de los intereses de su generación.

Una discografía posible
Probablemente, los mejores discos de Herbie Hancock sean los que grabó entre 1962 y 1968 para el sello Blue Note: Takin' Off (1962), My Point of View (1963), Inventions and Dimensions (1963), Empyrean Isles (1964), Maiden Voyage (1965) y Speak Like a Child (1968). De la época del segundo quinteto con Miles Davis (trompeta), Wayne Shorter (saxo tenor y soprano), Ron Carter (contrabajo) y Tony Williams (batería), vale la pena escuchar los clásicos Miles in Berlin (1964), E.S.P. (1965), Miles Smiles (1966), Sorcerer (1967), Nefertiti (1967) y Miles in the Sky (1968). De la etapa electrónica, sin duda lo mejor es recurrir al primer álbum de los Headhunters, de 1973. Vale la pena también oír los discos de V.S.O.P., el grupo formado por los ex-miembros del segundo quinteto de Miles Davis, con éste reemplazado por el trompetista Freddie Hubbard: V.S.O.P. Vol 1 (1973), The Quintet (1977) y V.S.O.P.: Live Under the Sky (2004). The piano (1978), un disco solista grabado en Australia, es también una muy buena opción. Otro tanto puede decirse de Herbie Hancock Quartet (1981), donde el trompetita es un muy joven Wynton Marsalis. La ya mencionada banda de sonido de Round Midnight (1986) también merece buscarse. Con The New Standard (1995), Gershwin's World (1998) y River: The Joni Letters (2007) pasa otro tanto. Como acompañante en discos ajenos, se recomiendan especialmente Out of this world (1963), de Pepper Adams, All the things you are (1964), de Sonny Rollins –donde se alterna en el piano con Paul Bley para acompañar los dúos de saxofón tenor de Rollins con su maestro Coleman Hawkins–, Bob Brookmeyer and Friends (1964), del trombonista Bob Brookmeyer, Speak No Evil (1964) y Adam’s Apple (1966), ambos de Wayne Shorter, Straight Life (1970), de Freddie Hubbard, Jaco Pastorius (1975), de Jaco Pastorius, Lawra (1977), de Ron Carter, Wynton Marsalis (1981), de Wynton Marsalis,  Royal Garden Blues (1986), de Branford Marsalis.


martes, 2 de julio de 2013

Más sobre la encuesta de críticos de Down Beat: los discos del período

A modo de ampliación de lo publicado ayer, ésta es la lista de discos más votados por los críticos de Down Beat. Sirve, entre otras cosas, para enterarse de lo que piensan en una revista especializada de los Estados Unidos gente que, se supone, tiene alguna calificación o, al menos, que accede a escribir sobre jazz en una de las revistas pioneras del género.

En la encuesta de críticos de Down Beat, cada uno de los votantes elige varios  álbumes en el orden deseado y éstos reciben una puntuación según el lugar de la lista en que son ubicados. En el recuento total se suman todos los puntos obtenidos por cada disco. 

Los 21 con mayor puntaje fueron los siguientes:

1. Wayne Shorter. Whithout A Net (Blue Note) 146

2. Wadada Leo Smith. Ten Freedom Summers (Cuneiform) 89

3. Sam Rivers - Dave Holland - Barry Altschul. Reunion: Live in New York (Pi Records)  69

4. Joe Lovano Us Five, Cross Culture (Blue Note) 66

5. Charles Lloyd-Jason Moran. Hagar’s Song (ECM) 63

6. Ryan Truesdell. Centennial: Newly Discovered Works of Gil Evans (Artistshare) 51

7. Branford Marsalis Quartet. Four MFs Playin’ Tunes (Marsalis) 45

8. Kurt Rosenwinkel. Star of Jupiter (Wommusic) 41

9. Christian Scott. Christian a Tunde Adjuah (Concord) 40

10. Neneh Cherry - The Thing. The Cherry Thing (Smalltown Supersound) 39

11. Anat Cohen. Claroscuro (Anzio) 38

12. Ravi Coltrane. Spirit Fiction (Blue Note) 34

13. Fred Hersch Trio. Alive At The Vanguard (Palmetto) 31

14. Pat Metheny. Unity Band (Nonesuch) 30

15. Mostly Other People Do The Killing. Slippery Rock (Hot Cup) 26

16. Orrin Evans. Flip The Script (Posi-Tone) 25

17. Aaron Diehl. The Bespoke Man’s Narrative (Mack Avenue) 24/ Dave Douglas Quintet. Be Still (Greenleaf) 24 / Rudresh Mahanthappa. Gamakt (ACT) 24

18. Lee Konitz/ Bill Frisell/ Gary Peacock/ Joey Baron. Enfants Terribles (Half Note) 23

19. The Bad Plus. Made Possible (Gong) 21/  Chick Corea-Gary Burton. Hot House (Concord) 21/ Mary Halvorson Quintet. Bending Bridges (Firehouse 12)  21/ Chris Potter. The Sirens (ECM) 21

20. John Abercrombie Quartet. Within a Song (ECM) 20 / The Cookers. Believe
(Motéma) 20. / Return To Forefer. The Mothership Return (Eagle Rock) 20

21. Theo Bleckmann. Hello Earth (The Music of Kate Bush) (Winter & Winter) 19 / Yosvany Terry. Today’s Opinion (Criss Cross) 19


La lista de mejores reediciones, por su parte, es la siguiente:

1. Miles Davis Quintet. Live in Europe 1969: The Bootleg Series Vol. 2 (Columbia/ Legacy)

2. Charles Mingus. The Jazz Workshop Concerts 1964-1965 (Mosaic)

3. Charles Mingus. The Complete Columbia & RCA Album Collection (Columbia/ Legacy)

4. Bill Evans. Live At Art D’Lugoff’s Top Of The Gate (Resonance)

5. The Dave Brubeck Quartet. The Columbia Studio Album Collection: 1955-1966 (Columbia/ Legacy)

6. Clifford Brown & Max Roach. The Clifford Brown & Max Roach EmArcy Albums (Mosaic)

7. Keith Jarrett. Sleeper (ECM)

8. The Quintet, Jazz At Massey Hall (Original Jazz Classics)

9. Coleman Hawkins. Classic Coleman Hawkins Sessions 1922-1947 (Mosaic)

10. Louis Armstrong and The All Stars. Satchmo At Symphony Hall (HIP-O Select)

11. Terje Rypdal. Odissey. At The Studio & In Concert (ECM)

12. Dexter Gordon. Night Ballads: Montreal 77 (Uptown)

13. Miles Davis. Live At Montreux 1991 (DVD Eagle Rock)

14. Duane Allman. Skydog: The Duane Allman Retrospective (Bounder)

15. Clifford Brown. The EmArcy Master Takes Vol. 2 (HIP-O Select)

16. Michael Brecker. The Very Best of Michael Brecker (Verve)

17. Tito Puente. Quatro: The Definitive Collection (Sony Music Latin)

18. Albert King. I’ll Pay The Blues For You (Stax) / Albert Mangelsdorff. Live At
Audimax Freiburg (Jazzhaus)


19. Jimi Hendrix. People, Hell And Angels (Legacy). Muddy Waters. You Shook Me. The Chess Masters Vol. 3 1959 To 1963 (HIP-O Select)

lunes, 1 de julio de 2013

Resultados de la Encuesta de Críticos de Down Beat para 2013

61st ANNUAL DOWNBEAT 
CRITICS POLL WINNERS

Hall of Fame: Charlie Haden

Veterans Committee Hall of Fame: Robert Johnson

Jazz Artist: Wayne Shorter

Jazz Album: Wayne Shorter Quartet, Without A Net(Blue Note)

Historical Album: Miles Davis Quintet, Live In Europe 1969: The Bootleg Series Vol. 2(Columbia/Legacy)

Jazz Group: Wayne Shorter Quartet

Big Band (tie): Darcy James Argue’s Secrety Society and Maria Schneider Orchestra

Trumpet: Dave Douglas

Trombone: Wycliffe Gordon

Soprano Saxophone: Wayne Shorter

Gary Smulyan
Alto Saxophone: Rudresh Mahanthappa

Tenor Saxophone: Joe Lovano

Baritone Saxophone: Gary Smulyan

Clarinet: Anat Cohen

Flute: Nicole Mitchell

Piano: Jason Moran

Keyboard: Robert Glasper

Organ: Joey DeFrancesco



Bill Frisell
Guitar: Bill Frisell

Bass: Christian McBride

Electric Bass: Stanley Clarke

Violin: Regina Carter

Drums: Jack DeJohnette

Vibes: Stefon Harris

Percussion: Cyro Baptista 



Wadada Leo Smith
Miscellaneous Instrument: Béla Fleck (banjo)

Male Vocalist: Kurt Elling

Female Vocalist: Cassandra Wilson

Composer: Wadada Leo Smith

Arranger: Darcy James Argue

Record Label: ECM

Producer: Manfred Eicher

Blues Artist or Group: Dr. John

Blues Album: Dr. John, Locked Down (Nonesuch)

Beyond Artist or Group: Robert Glasper Experiment

Beyond Album: José James, No Beginning No End(Blue Note)



RISING STAR WINNERS

Gregory Porter
Rising Star Jazz Artist: Gregory Porter

Rising Star Jazz Group: Ambrose Akinmusire Quintet

Rising Star Big Band: Orrin Evans’ Captain Black Big Band

Rising Star Trumpet: Christian Scott aTunde Adjuah

Rising Star Trombone: Trombone Shorty

Rising Star Soprano Saxophone: Anat Cohen

Rising Star Alto Saxophone: Tia Fuller

Rising Star Tenor Saxophone: Jon Irabagon 



Tia Fuller
Rising Star Baritone Saxophone: Vinny Golia
Rising Star Clarinet: Ben Goldberg

Rising Star Flute: Tia Fuller

Rising Star Piano: Gerald Clayton

Rising Star Keyboard: Jason Lindner

Rising Star Organ: Jared Gold

Rising Star Guitar: Rez Abbasi

Rising Star Bass: Ben Williams 


Derrick Hodge
Rising Star Electric Bass: Derrick Hodge

Rising Star Violin: Zach Brock

Rising Star Drums: Gerald Cleaver

Rising Star Vibes: Jason Marsalis

Rising Star Percussion: Dan Weiss

Rising Star Miscellaneous Instrument: Toumani Diabaté (kora)

Rising Star Male Vocalist: Gregory Porter 



 Karrin Allyson
Rising Star Female Vocalist: Karrin Allyson

Rising Star Composer: Robert Glasper

Rising Star Arranger: John Hollenbeck

Rising Star Producer: Robert Glasper

martes, 18 de junio de 2013

Terminaron los festejos por los 20 años de Minton's y el que no vino se los perdió

Durante los tres primeros domingos de este junio tuvieron lugar los festejos por los 20 años de Minton's. Fueron tres magníficas noches en los que se proyectó la película Minton's 20 años (realizada por Jorge Fondebrider y un equipo de estudiantes de la ENERC) y donde a razón de dos números por noche desfilaron algunos de los principales músicos de jazz de la Argentina, con el agregado especial de George Garzone, quien tocó en la segunda fecha con un verdadero seleccionado local.

Para quienes no pudieron estar presentes y para quienes, habiendo sido parte de los festejos, quieren volver a ver algunos de los mejores momentos de esas noches, pegamos a continuación una serie de vínculos con youtube que permitirán ver y oír lo que pasó en cada una de esas fechas gracias a las excelentes filmaciones de Edu Feller.

DOMINGO 2 DE JUNIO
Mariano Loiácono Trío (Mariano Loiácono en trompeta y flügelhorn, Hernán Merlo en contrabajo y Ramiro Penovi en guitarra)
"Homenaje a Chet Baker"
http://www.youtube.com/watch?v=CU3LD6KsMEE
http://www.youtube.com/watch?v=tr-edO_cJI0
http://www.youtube.com/watch?v=6uCeT1WEG0U

Adrián Iaies  en piano y Juan Manuel Bayón en contrabajo. Invitado especial: Mariano Loiácono  en trompeta y  flügelhorn
http://www.youtube.com/watch?v=QPuQJ8A2Kzg
http://www.youtube.com/watch?v=fuAJMrGjlpQ
http://www.youtube.com/watch?v=ye-T7Tm8GiI


DOMINGO 9 DE JUNIO
Paula Shocrón Trío (Paula Shocrón en piano, Juan Manuel Bayón en contrabajo y Bruno Varela en batería
http://www.youtube.com/watch?v=SV0Sn6rmpBU
http://www.youtube.com/watch?v=N2cjrsJ6t2A
http://www.youtube.com/watch?v=MYyG1GVVTcg
http://www.youtube.com/watch?v=rvcUnL0ukBI

George Garzone All Stars (George Garzone en saxo tenor, Ernesto Jodos en piano, Jerónimo Carmona en contrabajo y Pepi Taveira en batería. Invitados especiales: Ricardo Cavalli en saxo tenor y Mariano Loiácono en trompeta.
http://www.youtube.com/watch?v=nmo9OelEjFM
http://www.youtube.com/watch?v=pAzxP6fpIZI
http://www.youtube.com/watch?v=SGM9kGep7SA
http://www.youtube.com/watch?v=SoSOxJO6QMI


DOMINGO 16 DE JUNIO
Ricardo Cavalli-Francisco LoVuolo Cuarteto (Ricardo Cavalli en saxo tenor, Francisco LoVuolo en piano, Juan Manuel Bayón en contrabajo y Eloy Michelini en batería)
Próximamente


Mariano Loiácono Noneto (Mariano Loiácono y Richard Nant en trompeta y flûgelhorn, Franco Spíndola en trombón, Ricardo Cavalli en saxo tenor, Gustavo Muzzo en saxo alto, Ramiro Flores en saxo barítono, Alan Zimmerman en piano, Carlos Álvarez en contrabajo y Fermín Merlo en batería).
Próximamente

viernes, 7 de junio de 2013

Esperanza Spalding aburrió en Buenos Aires

“El concierto con el que la contrabajista mostró el material de su más reciente disco, Radio Music Society, terminó cayendo en un exceso de virtuosismo que lindó con el mero aburrimiento”, escribe Diego Fischerman, en su nota de Página 12, publicada en el día de hoy.

Demasiadas confituras

Por momentos parece una de esas niñas prodigio, tan talentosas como incontinentes, que no pueden parar de hablar y, como diría un tío de barrio, de presumir. Esperanza Spalding es una notable contrabajista, canta con afinación asombrosa las melodías más intrincadas y lo hace con swing, compone sus temas, tanto la música como la letra, y dirige una banda sumamente sólida. En el primer tema asombra, en el segundo apabulla y para cuando promedia el concierto ya se ha escuchado lo mismo muchas veces y queda poco más que aburrimiento.

En su tercera visita a Buenos Aires –la primera, en 2007, había sido con el Niño Josele y el año siguiente ya había llegado con su propia banda–, Spalding presentó casi completo su álbum más reciente, Radio Music Society, de donde provino todo su material, salvo los dos bises, “Precious” y “I Know that you Know”, pertenecientes al disco Esperanza, y el inicial, “Us”, donde literalmente presenta al “no-sotros” que la acompaña, con solos de varios de sus integrantes. Melodías quebradas y angulares, un poco en la vena de aquellas canciones que Flora Purim y, más tarde, Gayle Moran cantaban en el viejo y buen Return To Forever, comentarios del bajo y solos entre los que se destacaron los que estuvieron en manos de la saxofonista Tia Fuller, fueron las piezas con las que se montaron cada una de las canciones. Sin variedad dinámica ni expresiva, la casi continua exhibición de virtuosismo vocal –dentro de la que merece especial mención Chris Turner, un cantante especialmente dotado– acabó semejándose a un postre con sucesivas –e interminables– capas de crema, confituras y merengue. En todo caso podría pensarse que para Spalding permanece en el misterio la tenue división entre la dulzura y el empalago.

Mezclando palabras en inglés y español tarzánico –Spalding, a pesar de su nombre, que su madre eligió para homenajear a una amiga, no desciende directamente de hispanoparlantes–, la artista habló de amores perdidos (“mucho sonrisa, mucho maraviia, ahora mucho dolor”), de los reyes (“una clase de hombres que lo puedes tener sentado a tu lado, que pueden no tener oro ni castel pero tienen corazón de reies”) y, sobre todo, de que no era necesario hablar y de que la música se explicaba por sí sola. A pesar de eso habló y, además, llenó sus canciones de palabras. Desfilaron “Hold on me”, “I Can’t Help it” y “Smile Like that”, entre otras, hasta llegar a “Radio Song”, que abre el disco y aquí fue elegida como cierre. Improvisando sobre los textos –a diferencia del scat clásico, que lo hace sobre sílabas sin significado específico–, Esperanza Spalding fue del agudo al grave y del grave al agudo, pero con intensidad y tempo invariable. Una banda que logra una singular cohesión en los tramos colectivos y que consigue sus mejores momentos cuando sus bronces se acercan al coral, la acompaña con eficiencia, aunque no demasiada pasión. Los solos dan la sensación de ser repetidos con prolijidad estudiantil más que con espíritu de riesgo y, eventualmente, faltó esa sensación de salto al vacío sin la cual el jazz se convierte en su caricatura. Tal vez –a veces sucede– las capas de confitura fueran necesarias para ocultar la nada.