sábado, 15 de marzo de 2014

Un asado en algún lugar del Gran Buenos Aires con Pepe Angelillo y Pablo Ledesma

Pepe Angelillo, M.C. y Pablo Ledesma
El domingo 2 de marzo, una serie de aficionados al jazz, que suelen frecuentar cierta disquería especializada de la zona céntrica se reunieron a comer un asado en algún lugar del Gran Buenos Aires, que, a los efectos de seguridad, no va a ser declarado. Los comensales, que de ninguna manera deben ser asimilados a lo que alguna vez una mente afiebrada calificó de "núcleo duro", decidieron invitar a su festejo a los señores Pepe Angelillo y Pablo Ledesma, ambos residentes en la ciudad de La Plata, desde donde se costearon para allegarse al festín. Lo hicieron gracias a la intervención de M.C., quien, haciendo las veces de productor y empresario, asumió toda la responsabilidad de la invitación, traslados y correcta alimentación de los músicos platenses.



Mientras las tortillas y entremeses traídos por el Dr. H.B. distraían a los convidados, el cocinero leguleyo freía unas 60 empanadas con que distraer el hambre, mientras el señor M.H. se ocupaba de asar unos 20 kilos de carne (divididos entre colitas de cuadril y ojos de bife) para los 18 cubiertos considerados en la oportunidad. El Dr. S.P., nuevo en estas lides, manifestó su deseo de fotografiar la parrilla para poner la correspondiente foto en un portarretratos en la biblioteca de su afamado estudio.


Mientras todo esto ocurría, Pepe Angelillo tuvola hombría de bien de adelantarle a los invitados más ansiosos parte del repertorio con que iba a deleitarlos esa noche, mientras una luna esplendorosa de fin del verano, bañaba con sus argentinos rayos a la concurrencia y, con su único ojo, contemplaba la diligencia de los cocineros, quienes trabajaban por el bien común con verdadero fervor. 


Todos los detalles se cuidaron. No así los comenales, ya que hubo quienes comieron en demasía, para no hablar de la bebida. La mesa, precedida por el longevo C.M., acaso uno de los más ilustres ingenieros de sonido del país, albergó a las más variadas personalidades, representantes de la industria, el comercio, las profesiones liberales, la religión y hasta al crítico de música D.F., que por la forma en que elogió las empanadas y su dificultad para proseguir con la ingesta de carne mostró un costado medido que hasta entonces se le desconocía. 



Ahora bien, entre la colita y el ojo de bife, vino la música. El repertorio de la noche fue mayoritarimente clásico: Charles Mingus y Thelonious Monk principalmente, en magníficas interpretaciones de los señores Angelillo y Ledesma, quienes fueron escuchados con arrobo, al tiempo que dejaban bien alta la reputación de su ciudad adoptiva, ya que ambos, luego lo confesaron, provienen de localidades interiores de la Provincia de Buenos Aires: Angelillo es de Tandil, mientras que Ledesma es de Henderson que, como es sabido, son verdaderos semilleros del jazz argentino.

Más allá de que sigamos especulando sobre el estilo tandilense de tocar el piano o con la escuela de sopranos de Henderson, lo cierto es que, llegado cierto momento, los músicos indicaron que querían seguir comiendo y bebiendo, por lo que esa discusión estilística queda para otra vez.


Como se ha visto en otros ágapes convocados por este grupo, primó la moderación. De hecho, S.C. muestra que no se repitió el vino ya que, como suele suceder en estas reuniones, el aporte colectivo contribuyó a la diversidad. En cuanto a las cepas, puede decirse que el público de esa noche careció de prejuicios, lo que algunos observadores creyeron notar en ciertas conversaciones en la que la reciedumbre varonil primó por sobre otras formas de sensibilidad.




Casi todo el mundo estuvo a la altura. Sin embargo, G.H., fue sorprendido acarreando la botella de la foto , según intentó explicar más tarde entre hipos. para el brindis final, aunque no faltó el malicioso que pensó que se la estaba guardando debajo de la remera.

Es posible que fuera cierto (vale decir, que ambas cosas fueran ciertas), ya que la fecha coincidía, con el cumpleaños de Pablo Ledesma, a quien se le deseó lo mejor, como correspondía.

De más está decir que todos los invitados se sintieron cómodos y felices, músicos incluidos, y llegada la hora se perdieron en la noche hasta la próxima vez.

4 comentarios:

  1. Una crónica a la altura de tan distinguido evento. Se confirma, una vez mas, que la mejor red social del mundo es una mesa llena de amigos.

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  2. Gran comentario! Lástima no haber podido asisitir!

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  3. Excelente y ponderada crónica de una noche de verano en la que primaron el equilibrio y la circunspección.

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